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¿Cómo vivir sin contacto físico?

Necesitamos tocarnos, abrazarnos, besarnos. Estamos familiarizados con el contacto físico con las otras personas. De hecho, el tacto se considera el primer sentido que adquirimos y la piel nuestro órganos sensorial más grande. Un simple abrazo puede llegar a satisfacer una amplia gama de necesidades emocionales y físicas de las que muchas veces no somos conscientes.

El tacto nos ayuda a relajar cuerpo y mente porque cuando nos tocamos producimos más serotonina (aumenta el estado de ánimo) y menos cortisol (la hormona del estrés) y nuestro ritmo cardíaco y nuestra presión sanguínea disminuyen. La necesidad del contacto humano físico, lo que se denomina también «hambre de piel» o «hambre de contacto», nos hacer sentir conectados con nuestros seres queridos. Y las formas de satisfacer esta necesidad pueden variar desde dar una palmadita en la espalda, a saludar con un abrazo o acurrucarse con un alguien muy cercano.

Abrazos que nos ha robado el coronavirus Pero ahora, con la aparición del nuevo coronavirus, los epidemiólogos no dejan de insistir en que es mejor limitar el contacto físico para ayudar a prevenir la enfermedad. La Organización Mundial de la Salud (OMS) enfoca sus directrices a reducir tanto como se pueda el contacto físico con otras personas y a mantenernos al menos a un metro de distancia entre nosotros.

Un nuevo estudio sobre la dinámica de la transmisión y la aplicación de futuras estrategias de distanciamiento social publicado en Science dice ahora que es posible que se necesiten repetidas medidas de distanciamiento social para controlar los niveles de contagios, hospitalizaciones y muertes por Covid-19. Este distanciamiento físico, por tanto, nos ha llevado a modificar nuestros hábitos de relacionarnos.

Pero echamos de menos los abrazos con familiares y amigos, ahora que ya nos podemos ver. ¿Cómo les explicamos a los niños, por ejemplo, que no pueden abrazar a los abuelos cuando hace días que no los han visto y es lo primero que les apetece hacer? Y no sabemos hasta cuándo durará. ¿Cómo podemos sobrellevarlo sin que nos pase una factura emocional?

10 consejos para vivir sin besos ni abrazos Las pantallas han sido estos días nuestra única forma de comunicarnos. Videollamadas, fotos o vídeos han sustituido todo lo demás. Pero conectarse con alguien por Skype o Zoom no es nada comparable con un buen abrazo. Tenemos que aprender una nueva forma de expresar nuestros sentimientos. Los psicólogos de ifeel nos dan algunas claves para enfrentarnos a esta nueva realidad:

Ser conscientes de que es una situación temporal: aunque no sabemos con exactitud cuánto durará todo esto, lo que sí es cierto es que con el tiempo poco a poco nos iremos relajando y las muestras de afecto irán reapareciendo poco a poco sin que ello suponga un riesgo.

Tener capacidad de restringir las muestras de afecto a través del tacto: esta pandemia nos ha enseñado que somos capaces de restringir el afecto físico durante un tiempo, aunque no estemos diseñados para ello.

Aprender de otras culturas: en algunos países como Suecia o Japón la gente se toca menos y mantienen una distancia interpersonal mayor que en otros países como España o Italia. Si nos fijamos en cómo lo hacen, podremos aprender a relacionarnos reduciendo las muestras físicas.

Reforzar el contacto dentro de casa: cuando salimos tenemos que mostrarnos más distantes con la gente de fuera. Pero en casa, con los hijos, por ejemplo, debemos mantener los achuchones, los abrazos y los besos, que posiblemente serán los únicos que reciban.

Explicar a los niños la nueva situación: algunos niños han empezado esta semana o empezarán la semana que viene la escuela. Es muy importante explicarles con claridad, usando un lenguaje fácil para que lo puedan entender, cómo tienen que comportarse y por qué es importante mantener el distanciamiento social.

Aceptar que no nos podemos tocar: en algunos casos, el hecho de no poder tocarnos puede generarnos frustración. Aunque pasemos de fases, y esto signifique que podemos empezar a relacionarnos con los demás, no es sinónimo de que podamos hacerlo como nos gustaría. Podemos empezar por realizar un paseo al aire libre con amigos y tener claro cómo será el encuentro y qué podemos hacer y qué no. Para los psicólogos, «si nos esforzamos en seguir recomendaciones vamos a tardar mucho menos tiempo en llegar a donde queremos».

Mantener el contacto con los de casa y la distancia con los de fuera: en el momento de salir a la calle y reencontrarnos con otras personas, hay que guardar la distancia recomendada. Debemos poner atención y mantener cierta alerta que nos ayuden a no relajarnos. Llevar mascarilla, no abrazar a un amigo que hace tiempo que no vemos, mantener la distancia si estamos en casa de alguien, etc. Todo esto nos ayudará a sobrellevarlo mejor.

Contener los impulsos cariñosos: esto es especialmente importante para las personas que son más proclives a las manifestaciones físicas de afecto porque puede generar incomodidad o molestia, aunque habrá quien no le cueste tanto porque son más distantes.

Buscar alternativas a las pantallas: vernos a través de las pantallas ha sido la principal manera de comunicarnos. Pero, como recuerdan desde ifeel, no es la única. Podemos usar el teléfono, simplemente, intercambiar mensajes o quedar presencialmente manteniendo la distancia. Otra muestra de cariño es hacer un regalo (flores, un libro, comida, etc.), una muestra de afecto que el otro agradecerá. Para los psicólogos, lo importante es que, sea cual sea la vía de comunicación, pongamos un poco de creatividad y seamos realistas.

Centrarse en lo positivo: aunque no poder abrazarse en muchos casos no es fácil, debemos mirar la parte positiva de todo: ya no estamos como hace dos meses, encerrados en casa sin poder salir para nada ni quedar con nadie. Al menos, reconocen los expertos, «podemos vernos en persona». Esta pequeña guía puede servirnos para sobrellevar mejor la falta de contacto, y más si el pronóstico del estudio de Science se cumple y la necesidad de mantener el distanciamiento social podría alargarse hasta dos años, hasta el año 2022, aunque con periodos de más relajación al prever que pueda tratarse de un virus estacional.

Fuente: diagnosticodesintomas.com

Personas Positivas

En otras ocasiones hemos hablado de las personas tóxicas que nos sacan la energía y nos transmiten sensaciones negativas. ahora es momento de dedicarles tiempo a describir a esas personas con energía positiva y que necesitamos tener cerca para mejorar nuestra calidad de vida.

Todos conocemos a alguien que transmite una luz especial, que desprende alegría, positivismo, que nos hace ver la vida desde otro punto de vista e incluso nos la alegra con su compañía, quizás tú seas una de esas personas que transmiten energía positiva, si es así felicidades. De manera innata o por su actitud, rodean de positivismo su vida y la de lo que los rodean, pero ¿qué define a este tipo de personas?

Personas con energia positiva

CÓMO SON LAS PERSONAS QUE TRANSMITEN ENERGÍA POSITIVA

A continuación te contamos algunas de sus características, pero aclaramos que las personas positivas, no tienen que tener todos estos rasgos -no planteamos idealies imposible- pero sí la mayoría.

Estas características son:

Sonríen: Este tipo de personas, son esas que te cruzas y te dan los buenos días con una sonrisa sincera, que sin darte cuenta hacen que a ti, se te dibuje una en la cara o que sí contestas muy serio te haga pensar y quizás hasta sonreír. Suelen hablar con una sonrisa en su rostro de manera constante en distintas ocasiones, mirando a los ojos a la gente con la que conversan y que sin darte cuenta te terminan contagiando.


Relativizan: Las personas positivas también tienen problemas, claro que sí, pero no se dejan enredar por ellos, ni los ven como obstáculos insalvables. Su manera de ver la vida les permite ver más allá de la adversidad. Por ejemplo: seguramente muchos de vosotros conozcáis a alguien que se haya quedado sin vacaciones de verano, cuando lo tenía todo planificado, por un imprevisto: una avería en el coche, en la casa, etc., y en lugar de verlo todo desde el punto de vista negativo, han aceptado la situación con naturalidad, con su consiguiente enfado, pero buscando alternativas a lo que tenían planificado, buscando nuevas opciones. Le dan el valor justo en el momento necesario a lo negativo de la vida, lo aceptan y continúan con su vida, sin dejarse controlar por pensamientos negativos.

Cuidan su cuerpo y sumente: Entienden que su cuerpo y su mente son su casa y se preocupan por ello. No me refiero a que tengan que ser necesariamente personas esbeltas o que tengan muchos conocimientos acerca de cualquier tema. Sino que se cuidan, sabiendo lo que les gusta y manteniendo un equilibrio entre su cuerpo y su mente, eligiendo por ejemplo temas de lectura que les gusten, actividades manuales, aprenden idiomas y en muchos casos lo acompañan con ejercicio físico, sin necesidad de ser atletas, pero sí con los beneficios de las endorfinas y la felicidad que provocan en ellos.

Cuidan de ellos y de los que les rodean: Saben cuidar de sí mismos, de su individualidad. Disfrutan haciendo cosas para sí mismos e incluso de su soledad, de su momento consigo mismos. Y a la vez se preocupan por los que están a su alrededor, de sus familiares y amigos, de qué les preocupa, de qué ocurre en sus vidas y les aportan todas sus buenas cualidades para poder mejorar sus vidas.

Personas positivas

Muestran afecto: Ya sea con un beso, un abrazo o una palabra de cariño. Su energía positiva también se transmite de esta manera, mostrando afecto hacía a los demás, porque entienden la vida de esta manera, si tienen afecto hacía alguien, se lo muestran. A todos nos gusta sentirnos queridos y a ellos les gusta que los suyos se sientan de esta forma.

Disfrutan de su vida: Son felices, estando con quién estén y donde estén en cada momento. Comprenden que somos libres de elegir con quien compartimos nuestra vida y lo practican disfrutando al máximo de todas su actividades y desplegando toda su alegría, ya sea pasando una tarde en familia, cenando con amigos o viendo un partido de fútbol.


Hablan en positivo: Me refiero a que ante las adversidades, como por ejemplo tener que desempeñar una actividad en el trabajo que nunca habían hecho, no dirán “no puedo hacerlo, no sé, no voy a ser capaz”. Su mente funciona de otra manera, ellos seguramente pensarán “lo voy a intentar, voy a ver qué pasa, puedo preguntar, si me equivoco, lo volveré a intentar”. Fijaros como puede cambiar la percepción que nosotros mismos tenemos de nuestra capacidad, simplemente modificando lo que nos decimos a nosotros mismos.

Capaces demodificar el ambiente: Cuando una persona que transmite energía positiva se encuentra en nuestro círculo, en ese momento el ambiente se vuelve más distendido, más alegre. Parece que tienen una varita mágica, que sabe que necesita cada uno en cada momento, una broma, una anécdota, una sonrisa, un abrazo, algo que hará que la situación sea más beneficiosa para todos.

Les gusta crecer: No quiero decir físicamente, sino internamente. Son personas con muchas inquietudes y que si las tienes cerca te pueden impregnar de todas ellas, disfrutan leyendo, comprando música nueva, haciendo un curso de algo que simplemente les gusta, aprendiendo platos nuevos para cocinar en familia, etc. Pequeños gestos que les hacen crecer como persona y alimentar su optimismo y sus ganas por aprender y hacer cosas nuevas.

personas positivas

Aprovechan las oportunidades: Toman una actitud de apertura ante las oportunidades de la vida, no las ven con recelo y rechazo, no se centran en buscar los contra, sin en valorar los pro y si es para ellos se arriesgan, con toda su alegría y sus ganas de progresar en cualquier ámbito de la vida.

Cómo comentábamos al principio, las personas que transmiten energía positiva pueden tenerlo innato en su ser o pueden decidir tomar esa actitud en la vida. No es algo imposible de conseguir, simplemente hay que querer mejorar nuestra vida y por extensión la de la gente que nos rodea. Así que espero que las características que hemos comentado te motiven y te ayuden a desarrollar toda tu energía positiva, para ti y para los demás.

Fuente: psicologiamadrid.es

Celos… 7 sintomas

¿Cómo es una relación de pareja con problemas de celos?

Estas son las señales de alarma propias de una relación de pareja con problemas de celos.

Los celos son un tipo de problema que muchas relaciones de pareja sufren en silencio. Y esto no se debe solo a que para muchas personas las cosas de la relación que les hacen sentir mal son un verdadero tabú; además, no se habla de los celos simple y llanamente porque se asume que por muy dañinos que puedan resultar, son algo normal en el amor.

Evidentemente, no saber reconocer un problema no significa que este no existe. De hecho, esta «ceguera» suele contribuir a que la situación se vuelva cada vez más grave, generando otras consecuencias indeseadas por efecto dominó y pasando a formar parte del día a día. Es por eso que cuando surgen los celos en una relación de pareja, es importante ser consciente de ello cuanto antes, para saber determinar si su intensidad los convierte en un obstáculo para vivir ese vínculo amoroso de manera saludable.

Sigue leyendo para conocer los principales síntomas que indican la presencia de problemas por celos en una relación de pareja.

Así es la relación de pareja con problemas de celos: 7 señales de alerta

Si estás en una relación de pareja y hay algunos comportamientos que te incomodan y sospechas que tienen que ver con las ganas de controlar y vigilar, estas pautas te ayudarán a saber si tu noviazgo o matrimonio se ve perjudicado por los problemas de celos.

Estos son síntomas habituales que surgen cuando una de las personas involucradas, o ambas, tienden a comportarse como amantes celosos. No tienen por qué darse todos a la vez, pero en conjunto ayudan a saber qué está pasando.

1. Pedir el teléfono del otro para revisar chats e imágenes

A veces, este «escaneo» de los contenidos del smartphone es camuflado bajo alguna excusa, como por ejemplo intentar buscar una foto en concreto o sentir curiosidad por las cosas que cierta persona dice por Whatsapp para poder reírse de ella.

Sin embargo, a la práctica resulta sencillo comprobar que los celos son los que motivan este comportamiento, porque por un lado no ocurre de manera puntual, sino con cierta frecuencia, y por el otro la manera de buscar contenidos refleja que la persona celosa no busca un contenido en concreto, sino que «rastrea» con la mirada todo lo que pueda en busca de algo que le llame la atención, algo que revele flirteo, interés sexual o infidelidad.

2. Poner malas caras cuando la otro persona sale de fiesta con amigos

Una de las características de los celos es que se disparan en momentos en los que falta información acerca de lo que está haciendo la otra persona, aquella que se quiere tener bajo control. En casos así, es más fácil imaginarse lo peor, y la atención es atraída hacia imágenes dolorosas sobre infidelidades o la ruptura de la relación, del mismo modo en el que quien es hipocondríaco no puede evitar pensar que probablemente tiene enfermedades graves.

Y cuando a esto le sumamos que es persona está en contextos de ocio en los que el flirteo resulta habitual, como las discotecas o los conciertos, el malestar por no estar a su lado aún se indentifica más en quienes se han acostumbrado a adoptar una actitud posesiva en relación al otro.

Es por eso que, en personas celosas, que el otro salga de fiesta sin ellas es visto como una amenaza.

3. Preguntar por el potencial atractivo de compañeros de clase o de trabajo

En las relaciones de pareja en las que hay problemas de celos, la persona celosa siempre intenta tener en el radar a posibles competidores o competidoras que le puedan «quitar» a quien ama. Es por eso que, de manera disimulada, va haciendo preguntas sobre los rasgos y características de las personas que considera más amenazantes en este sentido: «¿Cómo es su cara? ¿Es alto? A lo mejor me suena de vista». «¿Tiene pareja?». «¿Habláis mucho?»…

Por supuesto, ninguna de estas preguntas por sí sola indica que hay celos, pero vistas en su conjunto, dan una imagen de lo que está pasando.

4. Enemistarse con alguien sin razón aparente

Muchas veces, quien siente celos no puede ocultar su desagrado por alguien que es visto como una fuente de peligro, una tentación para esa persona que se arriesga a perder. En ocasiones, incluso intenta que su pareja (por la que teme ser abandonado o abandonada) se una a las burlas o a los actos de crueldad dirigidos contra esa amenaza externa.

5. Poner horarios de manera unilateral

Pedirle al otro miembro de la pareja que esté en casa antes de que se haga muy tarde, o insinuar que si pasa mucho tiempo lejos causará malestar en la persona celosa, es una manera de controlar que revela un evidente problema de celos, de los más graves, y debe ser tratado en terapia o que, directamente, es motivo para terminar la relación (dependiendo del grado de hostilidad y de insistencia con el que se intente implantar).

6. Intentar aislar socialmente

Este es uno de los comportamientos asociados a los problemas por celos más serios, un comportamiento dañino que dependiendo de cómo se produzca puede ser considerado maltrato. Se lleva a cabo alimentando la idea de que fuera de la relación de pareja no hay nada que importe realmente, y que por ello cada vez que se decide pasar tiempo con los amigos o con la familia es un motivo para la decepción y la frustración.

Además, se intenta poner énfasis en las diferencias entre el interior y el exterior de la pareja, a través de creencias como «todos son iguales», «necesitamos protegernos mutuamente para que no nos hagan daño», «no hacen otra cosa que juzgarnos», etc.

El objetivo último de esto suele ser tenerlo más fácil para manipular a la otra persona, haciendo que sea más fácil de controlar.

7. Amenazas

Finalmente, este es un síntoma en el que los celos se fusionan de manera indisoluble con el maltrato. Por amenazas, en este contexto entendemos advertencias de que si se hace algo que transgreda las normas de fidelidad y exclusividad de la pareja, como castigo se producirán agresiones físicas o vejaciones que tendrán un impacto en el entorno social de la víctima (por ejemplo, hacer circular fotos íntimas a través de Internet).

En estos casos ya no se habla tanto de un problema causado por una persona celosa, sino de una amenaza a la integridad de la víctima que es motivo suficiente para poner fin a la relación y ponerse en contacto con las autoridades.

Fuente: psicologiaymente.com

¿Obligar a comer a los niños?

Te explicamos por qué no debes obligar a tu hijo a comer todo lo que pones en su plato

Las necesidades nutricionales de cada individuo, sea de la edad que sea, son diferentes, y por tanto su ingesta debe serlo también. Estas ingestas no pueden establecerse por edades ni por género, ya que, aunque las necesidades basales podrían considerarse relativamente similares – siempre que el peso y la altura lo fueran -, los niños no son todos igual de activos, por lo que no deben comer lo mismo.

Cada niño es un mundo, es único en su forma de comer, en su apetito, en sus necesidades nutricionales. Según el estudio ‘Just three more bites‘ (Sólo tres bocados más), realizado en la Universidad de California, 85 por ciento de los padres o cuidadores obliga a comer a sus hijos todo está en su plato, aunque ellos no quieran más. Por ello, no compares lo que come tu hijo con lo que comen sus amigos. Solo él sabrá la cantidad de comida que necesita.

Motivos para no obligar a comer a los niños

Por qué no debemos obligar a comer a los niños

Partiendo de esta base, es muy difícil determinar cuánto debe comer nuestro pequeño, pero lo que sí es mucho más evidente es que nunca, bajo ningún concepto, hay que obligar a comer a los niños.

1- Obligar a un niño a terminarse la comida que se pone en su plato, es obligarle a comer más de lo que necesita. Puede darse el caso de que sea una comida que el niño come gustoso, y acceda de buen grado, aun sin ganas, a terminarse el plato, dándonos la sensación de que si quería comer y si tenía hambre, cuando en realidad no es así. Es conveniente escucharles y respetar sus decisiones.

2- Mediante esta actuación estamos consiguiendo hacer de la hora de la comida una pequeña tortura diaria, así el niño cada vez llegará con menos ganas y nosotros con menos paciencia, afectando a la relación padre-hijo.

3- Hacer del acto de comer un momento desagradable afecta a las connotaciones sociales del propio acto, pudiendo afectar a la manera de relacionarse y de socializar del pequeño.

4- Teniendo en cuenta que los hábitos alimentarios se establecen durante la infancia, obligar a un niño a terminarse la comida del plato está estableciendo unos hábitos inadecuados. Estamos haciendo al niño ignorar sus instintos e incitándole a establecer una rutina muy poco saludable, terminarse el plato, que puede ser el primer paso hacia la obesidad.

De hecho, los estudios más recientes establecen que el sobrepeso se empieza a labrar en la infancia, y cada vez más niños lo sufren, siendo este, junto con el sedentarismo, uno de los principales motivos, aunque no el único.

5- Obligando a comer al niño estamos dándole a entender que es normal que sea otra persona la que toma decisiones sobre su cuerpo, enseñándoles que no son ellos los que tienen el control y que es aceptable que un adulto tome decisiones por ellos.

Estamos limitando su autonomía, lo cual les frena a la hora de tomar decisiones, en este caso sobre su alimentación, encubriendo y reprimiendo las señales de saciedad de su propio cuerpo, de nuevo favoreciendo el sobrepeso y allanando el camino hacia la obesidad.

Lo mejor que podemos hacer es observar a nuestros hijos, ofrecerles porciones adecuadas según lo que observemos, y respetar que sus necesidades pueden variar de un día a otro. Si la oferta de alimentos es saludable, con alimentos de alta densidad nutricional, nuestros hijos sabrán cuánto comer para cubrir sus necesidades.

Fuente: Guiainfantil.com.

Caer en el sueño

¿Por qué tenemos la sensación de caer en los sueños?

El sueño debería ser uno de los momentos más relajantes del día. Nos metemos en la cama, nos sentimos cada vez más cómodos y vamos perdiendo la conexión con lo que nos rodea para abandonarnos en los brazos de Morfeo. Sin embargo, a veces, justo antes de quedarnos completamente dormidos, tenemos la sensación de que nos caemos y nos recorre una especie de movimiento espasmódico.  Se trata de un pequeño sobresalto, como cuando caminamos y nos equivocamos al pisar porque hemos calculado mal la distancia. Aunque se trata de un fenómeno normal, muchas personas pueden asustarse o incluso experimentar pánico. De hecho, en los casos extremos, cuando la sacudida hípnica es muy violenta o rápida, la persona se despierta por completo y no logra conciliar el sueño.

La sacudida hípnica: ¿Un legado de nuestros antepasados?

La sensación de que nos caemos cuando estamos durmiendo se cataloga dentro de lo que se denomina “sacudida hípnica”, y en algunos casos incluso puede estar acompañada de una alucinación visual, lo cual la hace aún más desconcertantes. Se estima que el 70% de las personas experimenta esa sensación con relativa frecuencia cuando está a punto de dormirse, aunque muchos no lo recuerdan. Generalmente ese sobresalto ocurre cuando los músculos, casi siempre los de las piernas, se contraen muy rápido de manera involuntaria, algo similar a lo que ocurre cuando sufrimos un tirón o un espasmo muscular.  Una de las teorías que intenta explicar este fenómeno recurre al punto de vista evolutivo. Según esta perspectiva, los movimientos y sensaciones que provocan ese despertar brusco nos servirían para vigilar por última vez nuestro entorno, para cerciorarnos de que estamos en un sitio realmente seguro. Así nos ayudan a evitar que nos quedemos profundamente dormidos en un lugar peligroso, simplemente porque nos haya vencido el cansancio.  Por otra parte, según los evolucionistas, la sacudida hípnica también le servía a nuestros antepasados para que comprobasen la estabilidad de la posición que habían adquirido para dormir. En práctica, era un mecanismo ancestral para asegurarnos de que teníamos un punto de apoyo lo suficientemente sólido y estable antes de dormirnos por completo, para no hacernos daño. Sin embargo, en los últimos tiempos, con los avances en el campo de las Neurociencias, otra teoría ha cobrado relevancia y busca la explicación de la sacudida hípnica en el cerebro.

El cerebro no termina de desconectarse por completo

Los neurocientíficos, por su parte, consideran que esos movimientos son simplemente un signo de que nuestro sistema fisiológico está cediendo al sueño. De hecho, cuando dormimos, por precaución, se produce una parálisis corporal, denominada “parálisis del sueño”. Durante la fase de sueño REM, que es la más profunda, cuando soñamos el cerebro se “desconecta” de los principales grupos musculares, para que no podamos imitar los movimientos que realizamos en el sueño y no nos hagamos daño. De esta forma, la sensación de caer y esos movimientos espasmódicos serían una señal de que estamos pasando del control muscular activo a un estado de relajación total.

Sin embargo, también existen algunos factores que pueden aumentar las posibilidades de padecer esas sacudidas hípnicas o sentirlas de forma más intensa.  – No tener un horario regular de sueño o irse a la cama excesivamente cansados.  – Consumo excesivo de sustancias estimulantes, como el café, sobre todo al terminar el día, así como realizar actividad física intensa durante la noche. – Interferencia de estímulos externos como las luces o un sonido cuando estamos a punto de entrar en la fase más profunda del sueño.  En todos estos casos, lo que sucede es que nuestro sueño se interrumpe, se desarrolla un patrón irregular que implica que el organismo entra en la fase REM antes de estar preparado, lo cual puede provocar esa sensación de sacudida o de que estamos cayendo. De hecho, se ha apreciado que la sacudida hípnica es más común cuando la persona se duerme rápidamente. En práctica, nuestro cuerpo se duerme tan rápido que el cerebro no es capaz de seguir su ritmo y pasar a través de las diferentes fases del sueño, de manera que se produce una especie de “cortocircuito”. Como colofón, se debe aclarar que si bien la sacudida hípnica es un fenómeno natural del sueño, que suele ir menguando con la edad, puede llegar a ser una molestia, ya sea para la persona que lo sufre o para quien duerme a su lado. En esos casos, es recomendable consultar a un especialista del sueño ya que podría tratarse de otro trastorno, como la apnea del sueño o el síndrome de las piernas inquietas.

Fuente: rinconpsicologia.com

Aceptar las cosas

Aceptar las cosas por lo que son no equivale a resignarse, al contrario de lo que se suele pensar.

Aceptar las cosas tal y como son no es quedarse de brazos cruzados viendo pasar la vida como si nada pudiéramos hacer.

Para Jon Kabat Zinn, creador de una de las técnicas más influyentes tanto a nivel mental como físico, basada en el budismo y denominada Mindfulness, la aceptación es; “…ver las cosas como son en el momento presente”.

Por otro lado, desde la corriente filosófica estoica surgida en Grecia hace siglos, Epicteto ya apuntó que “el sabio, es aquel que acepta de buena gana todas las circunstancias de la vida sin desear otras”.

Así, la aceptación no significaría que la persona se aleja del mundo y de la realidad, sino al contrario. Más bien, poner en práctica aceptación implicaría prepararnos mentalmente para poder actuar hacia aquello que consideramos valioso, natural y bueno tanto física como mentalmente a pesar de las circunstancias.

La aceptación no es resignación

La resignación atenta contra los principios estoicos, ya que con ella, nos bloqueamos y aceptamos el hecho de no hacer nada. Y aceptar no es no hacer nada.

Además, cuando nos resignamos ante los hechos de la vida diaria, le estamos dando prácticamente el control de nuestro estado de ánimo y de nuestros actos derivados de él, a algo externo a nosotros.

Al caer presas de la resignación y el victimismo, el sufrimiento aumenta y nuestra tolerancia a la frustración se reduce, dificultando poder relacionarnos con la realidad de una manera con la que sintamos que lo que depende estrictamente de nosotros lo controlamos o lo ponemos en juego.

Es decir, si le echamos la culpa de nuestros enfados a nuestro hermano, porque nos molesta que haga comentarios delante de la familia sobre nuestro estado físico, es más difícil que podamos hacer algo para cambiar nuestra forma de relacionarnos con eso. Es más difícil porque podemos sentir la sensación de que no se puede hacer nada por resolver esa dificultad, y que tras algunos intentos las cosas siguen mas o menos igual.

En cambio, si aceptamos los pensamientos y las emociones que surgen de lo más profundo de nosotros, el hecho de aceptarlo nos otorga ya de por sí una disposición desde la que tomar una acción valiosa para nosotros.

Una actitud vital que nos prepara para el cambio

Volviendo al estado físico, imagina que no te gusta la imagen que tienes de ti mismo. Imagina que no te gusta tu cuerpo y que eso es algo que lleva tiempo generándote descontento y preocupación desde hace meses, incluso años.

Ahora, digamos que te propones entrenar y poner los medios adecuados para cambiar tu físico y que, tras dos semanas de duro entreno, te frustras porque no ves los resultados que esperabas o que te habías propuesto. Empezaste motivado, trazaste el plan, te ajustaste con gran disciplina a él pero por lo que sea, no bajaste dos kilos, bajaste medio kilo.

Por ello, decides tomarte una semana sabática porque total, si todo el esfuerzo realizado solo se ha traducido en eso, qué mas da.

Céntrate en el control, no en el resultado

El hecho de no aceptar que las cosas no salgan como esperamos, no implica que por ello tengamos que dejar de hacerlas. Aceptar que nos hemos esforzado y que no hemos obtenido los resultados deseados, nos prepara para perseverar, osease; actuar.

En cambio, si nuestra reacción a los resultados se sustenta en la resignación, con pensamientos del tipo “da igual lo que haga porque como mucho pierdo medio kilo en dos semanas”, estamos permitiéndonos perder el control de algo que realmente podemos controlar. Y lo que podríamos controlar en esta situación es la perseverancia, la disciplina y el compromiso. Pero si vemos las cosas desde la resignación, a nuestra mente le parecerá muy difícil actuar para sentirnos mejor, para perder peso o para mejorarnos en otros sentidos.

Lo que nos aporta aprender a aceptar las cosas

Resumiendo, aceptar implica aceptar la realidad tal como es. Y una de las cosas que aprendemos de la realidad es que nada permanece para siempre, ni lo que detestamos ni lo que amamos.

Aceptar los hechos sin horrorizarnos o perder los papeles por ellos, nos otorga la capacidad de poder responder mejor ante una situación que cuando nos dejamos llevar por lo que nos las impresiones y los pensamientos nos traen a la mente acerca de ese suceso.

En conclusión, y como los estoicos sugerían, en ocasiones puede ayudarnos el desconfiar de nuestras primeras impresiones, juicios y emociones primarias ante los eventos que vivimos día a día, ya que esto, precisamente, contribuye a no tomar distancia de las situaciones, perdiendo así el contacto con nosotros mismos y con lo que si depende de nuestro control, yacilitando que estemos más dispuestos a resignarnos y no a aceptar las cosas tal como son.

Fuente: psicologiaymente.com

Personas desconfiadas

¿Qué sucede cuando eres muy desconfiado?

  “El que sospecha invita a traicionarlo.”.Voltaire

La desconfianza es un sentimiento de duda que nos inunda cuando creemos que una persona es deshonesta, pero en algunas personas este sentimiento de desconfianza es constante ya que tienen su capacidad de confiar dañada, y esto no les permite tener relaciones sociales profundas.

Frecuentemente en nuestro día a día nos sentimos invadidos por el estrés y esto nos hace ser desconfiados. Es en esos momentos cuando ponemos en tela de juicio el amor de nuestros amigos o familiares y nos llenamos de pensamientos negativos que algunas veces nos hacen cuestionar si somos merecedores de ese amor o no.

Entonces para buscar seguridad acudimos a esas personas con las que todavía nos sentimos relajados, por ejemplo, algún amigo, la pareja, algún familiar, etc. El problema ocurre cuando no hay una persona a la que acudir, cuando ningún sitio es seguro, cuando no podemos confiar en nadie y por tanto no podemos “intimar” con los otros. Es decir, no nos sentimos conectados o vinculados con las personas de nuestro circulo.

¿Cómo se hace una personalidad confiada o desconfiada?

persona desconfiada

El desarrollo de la confianza o la desconfianza durante la infancia es un tema de máximo interés en psicología. Uno de los autores más destacados, Erick Erikson, propone que los bebes con padres que satisfacen sus necesidades y que son afectuosos desarrollaran al finalizar el primer año de vida lo que él llama “confianza básica”. La confianza básica es una capacidad indispensable para tener una mente sana durante el resto de la vida.

Los especialistas en apego han rescatado este concepto y lo han desarrollan más allá al darse cuenta de lo fundamental de un vínculo afectivo y con buena comunicación entre padres e hijos durante todo el desarrollo de la mente infantil. Este vínculo “seguro” será clave en la salud mental de los hijos. En el caso contrario, si los padres no son afectivos, son inconsistentes o no cumplen sus promesas generara desconfianza en los niños y por tanto una personalidad desconfiada.

Otros factores en los padres que generan desconfianza en los niños son: hablar con dobles mensajes, ser deshonestos o que las palabras de los no coincidan con los actos. En estos casos los niños se sienten confundidos y su sentido de la realidad puede verse dañado. En los casos más graves, como abusos sexuales o abusos físicos, la capacidad de los niños para poder juzgar bien o confiar en los demás será severamente dañada y por lo tanto tendrán dificultades para confiar durante su vida adulta.

Cómo nos afecta la desconfianza

La desconfianza merma la propia confianza en uno mismo. Si nos sentimos inadecuados será difícil tener relaciones más profundas cuando alguien nos quiera y nos ame. Esa relación entrará en conflicto con la visión negativa que tenemos de nosotros. Este proceso hará que nos sintamos no merecedores del amor o que nos volvamos críticos con las personas que nos aman. En cualquiera de los casos es probable que auto boicoteemos la relación siendo exageradamente exigentes, sacando de proporción las cosas que no nos gustan del otro o incluso marchándonos.

personas desconfiadas

Las personas desconfiadas sufren mucho. Están constantemente pensando sobre lo que los demás piensan de ellos, analizando sus gestos, observando sus movimientos, etc. Viven en un estado de alerta permanente y sienten terror a ser lastimados por el otro. Se sienten tan vulnerables que necesitan volverse desconfiados para protegerse.

Actualmente se sabe que no es posible tener una relación íntima sin honestidad y apertura, y que todos los vínculos tienen como base confianza. Es ésta la que facilita que las relaciones crezcan, y por tanto que el afecto y el amor mane. La confianza es la base de las habilidades sociales. Si carecemos de ella, el miedo se apoderaría de nosotros y seríamos incapaces de hacer cualquier cosa.

Cómo mejorar la confianza en tus relaciones sociales

  • Apóyate en los hechos: cuando conozcas a una persona no la encasilles. Juzga desde los hechos y espera a conocerla. personas que desconfian
  • Se asertivo: es importante ser honesto en las interacciones sociales. Para ello es fundamental conocer tus valores y principios y poder exponerlos de una forma honesta e integra sin por ello sentirte culpable. Expresa tus deseos de manera sencilla.
  • No estés a la defensiva: es importante estar dispuesto a escuchar lo que la otra persona tiene que decir, y más que tomarlo como un ataque buscar si hay algo de verdad en el mensaje.
  • Se más tolerante: a lo mejor somos demasiado sensibles a las criticas y deberíamos de empezar a comprobar nuestro nivel de tolerancia. Los que nos rodean también tienen puntos de vista y opiniones, aunque no estén de acuerdo con los nuestros  es importante poder escucharlos. Acepta las diferencias y piensa que ¡a veces una crítica es el mejor regalo!
  • Se flexible: no todo es blanco o negro. Hay grises y solo tienes que fijarte un poco más en los tonos.


Autora: Rebeca Carrasco