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El duelo desautorizado o prohibido

Duelo desautorizado o prohibido, ¿Qué es y cómo afrontarlo?

Permitir la expresión de las emociones es necesario para evitar un duelo desautorizado o prohibido. ¿Cómo acompañar estos procesos?
Duelo desautorizado o prohibido, ¿qué es y cómo afrontarlo?

¿Algunos sufrimientos son más válidos que otros? ¿Por qué está bien llorar por ciertos temas mientras los demás parecen sin importancia? Quizás se relacione con que nos acostumbramos a negar emociones por temor a parecer débiles o demasiado sensibles. Y esto mismo lo proyectamos hacia otros en el duelo prohibido o desautorizado.

Evitamos entrar en contacto con lo que sentimos en determinados momentos, frente a ciertas pérdidas, y eso nunca es bueno. Veamos de qué se trata y por qué es importante trabajarlo.

¿Qué es el duelo desautorizado y por qué se produce?

El duelo desautorizado o prohibido tiene que ver con quitarle a alguien (o quitarse uno mismo) el derecho a sufrir por determinadas pérdidas, a partir de la interiorización de mandatos y expectativas sociales.

Dentro de los duelos, a muchas personas les parece lógico llorar por la pérdida de un familiar. Sin embargo, minimizan o subestiman la pérdida de una mascota. Este es un ejemplo de un duelo desautorizado o prohibido.

O también cuando una persona sufre un accidente y pierde alguna parte de su cuerpo. Muchas veces se la presiona a sentirse agradecida porque está viva y porque podría haber sido mucho peor. Sin embargo, más allá de encontrarse con vida, es lógico que se sienta afectada.

En este sentido, se trata de enfatizar que el duelo no es únicamente sinónimo de muerte. A veces es una pérdida o una situación que es vivida como tal.

¿Cuáles son los duelos desautorizados con mayor frecuencia?

Existen algunos duelos prohibidos o desautorizados que son más frecuentes:

  • Pérdida de una mascota.
  • Separación de una pareja
  • Cambios en los proyectos vitales. Por ejemplo, dejar un trabajo o una mudanza a otra ciudad o país.
  • Pérdida de alguna capacidad corporal. Por ejemplo, que ya no podamos movernos con seguridad y tengamos que usar bastón.
  • Fallecimientos esperados. Por ejemplo, ante la muerte de una persona que tenía problemas con el consumo de alcohol o de sustancias.
  • Duelos prohibidos a niños y niñas o personas con cierta discapacidad, ya que se los excluye de rituales por temor a que les afecte, sin darles posibilidad de elegir.
Duelo por una ruptura.
Una ruptura amorosa también genera un duelo que no debería ser ocultado.

Consejos para afrontar el duelo desautorizado

Aquello que no se procesa y se intenta evitar u ocultar, en algún momento sale a la luz. Es por eso que es mejor vivir lo que haya que vivir, aunque duela.

A continuación, algunas recomendaciones para afrontar un duelo:

  • Aceptar las emociones y los estados de ánimo. En ocasiones nos sentiremos abatidos, a veces con tristeza y otras con ira. Los duelos implican una mezcla emocional que forma parte del proceso. No culpabilizarse también es importante.
  • No acelerar procesos. Evitar el debería estar bien si ya pasó un tiempo. Cada persona tiene su propio ritmo para sentirse mejor y es lógico tener recaídas.
  • Buscar ayuda. Familiares, amigos o ayuda profesional en ciertos casos. Es importante reconocer y aceptar cuando nuestros propios recursos son insuficientes.

Consejos para acompañar a alguien que atraviesa un duelo

Como amigo, familiar o se trate del vínculo que se trate, es posible generar el ambiente para acompañar a alguien que está viviendo un duelo. Esto sería lo ideal, en lugar de convertirlo en un duelo desautorizado o prohibido.

Algunas de las recomendaciones son las siguientes:

  • No minimizar lo que sucede: es importante comprender y empatizar con la otra persona que está sufriendo. Evitar las frases del tipo “ya vas a tener otro perro” “ya vas a encontrar a alguien mejor”. Sugieren la idea de que se puede reemplazar una persona o una mascota por otra, así sin más. También se deben evitar expresiones del tipo “levántate, tus hijos te verán mal”. Transmiten la idea de que otros nos necesitan y que no tenemos lugar para vivir el dolor.
  • Permitir la expresión de emociones: durante mucho tiempo escuchamos “no llores” o “no te pongas así”; son expresiones que inhabilitan el expresarse. Es necesario dejar que la persona se libere, pueda vivenciar el dolor y empiece a tramitarlo. A veces no es necesario decir nada, sino simplemente ofrecer una escucha atenta y cálida.
  • Respetar tiempos, pero mostrar apoyo: puede pasar que la persona que está viviendo el duelo no se muestre disponible. Sin embargo, es necesario hacerle saber que estamos presentes para lo que necesite.
  • Ayudar a organizarse: los primeros días tras una pérdida suelen ser de desorganización. Por lo tanto, podemos hacer las compras por el otro o ayudar a mantener la limpieza del hogar.
Hombre acompaña duelo prohibido de una mujer.
El acompañamiento de los duelos no siempre tiene que mediarse con palabras. La escucha es parte del proceso.

Repensar los duelos

La muerte tiene diferentes connotaciones en la sociedad y esto también nos habilita a pensar qué lugar le damos. Por ejemplo, muchas veces una persona debe presentarse en su lugar de trabajo tras la muerte de un amigo porque no es familiar en línea directa. Esto lleva a que la persona deba ser funcional y estar en un sitio, en un momento en que se encuentra vulnerable y sensible.

Hay que reconocer que dicha persona merece cuidado y respeto por sus emociones. Permitirle ausentarse unos días es velar por su bienestar y su salud mental. Caso contrario, se corre el riesgo de arrastrar problemas hacia el futuro, como ansiedad, depresión o insomnio.

Por último, atravesar un duelo y una circunstancia difícil, conectando con las emociones, es aprendizaje. Podemos salir fortalecidos, con resiliencia y conociéndonos más.

 

Fuente: mejorconsalud.as.com

La concentración en los niños

¿En qué momento aprenden los niños a concentrarse?

La capacidad para concentrarse se adquiere con los años y la maduración cerebral. Descubre a qué edad aprenden los niños a controlar su atención.
¿En qué momento aprenden los niños a concentrarse?

Trastornos como el déficit de atención y la hiperactividad (TDAH) están, hoy en día, en boca de todo el mundo. Parece que el porcentaje de niños diagnosticados es cada vez mayor y esto puede llevar a los progenitores a preocuparse. Ante determinadas conductas infantiles surge el temor de que el niño padezca un problema de esta índole. Pero en realidad, lo que sucede es que no comprendemos bien cuándo y cómo aprenden los niños a concentrarse.

Quizá tu hijo no aguante leyendo más de unos minutos, se distraiga haciendo sus deberes o permanezca poco tiempo desarrollando una misma actividad o juego. Antes de alarmarte, pregúntate cuáles son sus capacidades según su edad.

Quizá estés exigiendo más de lo que el pequeño puede dar. A fin de evitar estas situaciones, te compartimos valiosas informaciones acerca de la concentración infantil.

¿Qué es la concentración y cómo se desarrolla en los niños?

La concentración es la capacidad de dirigir la atención hacia los estímulos relevantes y sostenerla, desechando aquellos inputs que no nos sirven. Es un proceso complejo e intencional; no solo debemos escoger el foco, sino que también hemos de ser capaces de obviar otras estimulaciones irrelevantes.

Alcanzar este logro está relacionado con el desarrollo y la maduración cerebral. Los recién nacidos suelen enfocarse en el rostro y en la voz de sus cuidadores, pero su atención es muy voluble. Reaccionarán y cambiarán su enfoque ante cualquier sonido o estimulación del medio.

A medida que el niño crece, no solo aprende a dirigir voluntariamente su foco atencional, sino que además adquiere la capacidad de mantenerse concentrado por periodos de tiempo prolongados. Esto, a medida que maduran las regiones cerebrales prefrontales.

Tengamos en cuenta que estas estructuras no terminan de desarrollarse hasta pasada la adolescencia, por lo que el camino a recorrer es largo. Aun así, veamos los avances que se producen a cada edad.

Niño distraído en sus deberes.
La distracción al realizar los deberes y las tareas de la escuela es esperable hasta ciertas edades.

La capacidad de concentración infantil en función de la edad

Los tiempos y las características que se mencionan a continuación son orientativos y pueden variar ligeramente de un niño a otro. Conviene conocerlos y tenerlos en cuenta para saber qué esperar en cada época:

  • Durante el primer año: la atención del bebé es fugaz e inestable. Se distrae con facilidad ante elementos novedosos y llamativos del entorno. Su atención no podrá mantenerse durante más de 4 o 5 minutos.
  • Entre 1 y 2 años: en este momento los niños se enfocan en aquello que les atrae, les agrada y llama su atención. Pero no lo sostendrán por más de 6 u 8 minutos.
  • Entre 2 y 3 años: comienza a desarrollarse la atención voluntaria. El niño controla dónde pone su foco. Sin embargo, es fácil que se distraiga y que no permanezca concentrado más de 15 minutos.
  • Entre 3 y 4 años: el infante ya tiene más control sobre su atención. Puede cambiarla a voluntad y sostenerla incluso por 20 minutos. No obstante, es común que quiera cambiar de actividad cuando comience a aburrirse.
  • Entre 4 y 5 años: tu hijo podrá mantener su concentración por 25 minutos e incluso atender varios aspectos a la vez. Por ejemplo, podrá escuchar y comprender tus instrucciones mientras está pintando.
  • 6-7 años en adelante: a partir de este momento el control sobre la atención es mayor. El niño puede enfocarse en una tarea, incluso si esta no le resulta muy atractiva. Sus periodos de concentración se incrementan hasta 40 o 45 minutos hacia los 9 años. A pesar de ello, si la tarea es poco agradable o aburrida pueden distraerse tras los 15 minutos.

¿Para qué nos sirve conocer cuándo aprenden los niños a concentrarse?

Tener en consideración las capacidades presentes a cada edad es fundamental para el proceso pedagógico en el aula. Sin embargo, para los padres este conocimiento también resulta básico.

Esto les permitirá organizar las tareas que realizan con sus hijos, ajustando los periodos de tiempo, programando descansos adecuados y, sobre todo, identificando si realmente existe un problema.

Como hemos comentado, en ocasiones creemos que un niño padece TDAH, cuando simplemente está siendo un niño. Incluso en la comunidad médica existe un sobrediagnóstico. No podemos pedirles a los infantes que sean adultos en miniatura, que se sienten, atiendan y cumplan sin mover la mirada.

Un niño que presente un trastorno de atención tendrá dificultades para funcionar al nivel que sus compañeros de la misma edad. No solo se distraerá fácil, sino que cometerá múltiples errores por falta de atención, se olvidará de ciertas cosas y perderá varios objetos.

En estos casos, consultar con un profesional es lo más adecuado para obtener un diagnóstico y aplicar las pautas apropiadas en el hogar y en la escuela.

Fomentar la concentración en los niños

La capacidad de concentración depende en gran medida de la edad del menor. No obstante, este no es el único condicionante. Como padres, podemos fomentarlos aplicando algunas pautas sencillas:

  • Trata de que las actividades sean atractivas y agradables. Hay muchas formas de enfocar una misma tarea y cuanto más llamativa resulte para los niños, más fácil es que permanezcan concentrados. Por ejemplo, puedes hacer que el momento de recoger sus juguetes sea un juego, empleando una canción o estableciendo una competición.
  • Procura que el entorno sea adecuado, que no contenga distracciones innecesarias. Los dispositivos tecnológicos, el bullicio propio del hogar o la música fuerte de fondo pueden hacer que el foco del menor se desvíe con más frecuencia.
  • Ofrece instrucciones sencillas y limítalas a 2 o 3 a la vez. De esta forma, será más simple que las cumpla.
  • Ciertos juegos y actividades, como formar rompecabezas, colorear mandalas o copiar dibujos, favorecen esta habilidad cognitiva. Inclúyelos en el día a día de tus hijos.
  • Presta atención a sus necesidades básicas. Un niño cansado o hambriento tendrá más dificultades para mantenerse concentrado.
Armar rompecabezas para mejorar la concentración.
Hay actividades que favorecen la concentración y la práctica de esta habilidad. Armar rompecabezas es una opción.

Los niños aprenden a concentrarse en su momento; respetémoslos

En definitiva, ten siempre presente cuándo aprenden los niños a concentrarse y recuerda que se trata de un proceso complejo que se desarrolla progresivamente. Respeta los tiempos de tu hijo, adapta las actividades a su edad y no lo fuerces más de la cuenta.

Si, a pesar de esto, sospechas que puede haber algún problema, contacta con un psicólogo infantil. El profesional podrá orientarte.

 

Fuente: mejorconsalud.as.com

La Edad del pavo

Edad del pavo: cómo reconocer y entender esta etapa

Si tienes un hijo entrando en la adolescencia o «edad del pavo» y quieres conocer más sobre esta etapa, quédate que este artículo es para ti.
Edad del pavo: cómo reconocer y entender esta etapa

La edad del pavo es un período en el que suceden cambios físicos y fisiológicos, pero también sociales y emocionales. Acontece en el marco mayor de la adolescencia, que va entre los 11 y los 13 años hasta los 18-19. En conjunto, se trata de transformaciones que definen y sientan las bases del desarrollo personal.

La etapa pone a prueba las reservas de comprensión y tolerancia que tenemos padres y madres. Y como suele ocurrir con toda crianza, el amor y la paciencia serán las mejores guías para conducir el torbellino de emociones que sacuden la llegada de la pubertad.

¿Cómo reconocer la edad del pavo?

La edad del pavo trae cambios físicos evidentes, de ahí esa forma de nombrarla que nos recuerda la colorida vistosidad del ave. Como también los constantes giros de humor, que permiten ir de la felicidad al enfado en cuestión de segundos.


 

Transformaciones fisiológicas

Hay una relación entre la actividad endocrina y el sistema óseo, que se reflejará en el rápido crecimiento. Hormonas como la tiroxina y la insulina influirán en el aumento de la talla.

La GH (hormona del crecimiento) es clave en el estiramiento longitudinal. Las hormonas tiroideas, los andrógenos adrenales y los esteroides gonadales sexuales afectan la maduración ósea. Crucial será la llegada de la primera menstruación y de la polución nocturna.

Pubertad y edad del pavo en una niña.
Los cambios en la edad del pavo incluyen diferentes modificaciones físicas y hormonales.

Cambios físicos

Los cambios físicos son los más evidentes y los que causan mayor sorpresa entre familiares y extraños. Suceden en muy corto tiempo y le dan al cuerpo un aspecto completamente distinto al que tenía antes de iniciar la pubertad.

El desarrollo de las mamas en las mujeres y el estirón puberal en ambos sexos reflejan un crecimiento acelerado. Con igual volumen, el varón es más pesado, debido a la masa muscular. Por otro lado, la pelvis de la mujer aumenta su ancho.

Aspectos psicológicos

Se harán frecuentes los cambios de humor y la relación con los padres se tornará variable. De la dependencia a la distancia, entre el recelo y el desinterés. En la edad del pavo se acrecienta el pensamiento abstracto, las ilusiones vocacionales y se está más a merced de los impulsos.

Lo social

El círculo de amigos es fundamental para el adolescente. Es su espacio para el desenvolvimiento y realización. Si tiene inseguridad en su apariencia, con los amigos comunes estos miedos se disipan siempre y cuando logre mezclarse.

Es también el espacio para relacionarse con el sexo opuesto. O bien donde inician los encuentros amorosos para explorar. Se decanta la construcción social del género y la futura sexualidad.

5 consejos para entender a mi hijo durante la edad del pavo

Sin duda, no es fácil surfear en las vertiginosas olas de la pubertad. La imagen corporal que le devuelve el espejo al adolescente lo lleva a considerar que está demasiado expuesto al qué dirán. Y por lo tanto, se le exigen comportamientos que aún no ha aprendido.

Estar cerca y servirle de apoyo a nuestros hijos en esta etapa es básico para ayudarles a romper el hielo, de manera que puedan adentrarse con paso firme en la vida.

1. Comprensión

Para ser lo que queremos ser, es preciso dejar atrás una parte de nuestras vidas. Eso exige valor y madurez para manejar con solvencia situaciones que pueden desbordar la capacidad del adolescente. La respuesta natural ante esto es cierto empecinamiento.

Seamos comprensivos, porque es importante aprender de los errores, pero no es bueno equivocarse a solas. El aprendizaje es una relación dialógica, así que estemos cerca de nuestro hijo.

Estemos ahí para servirle de apoyo. Aunque su silencio obstinado puede que no se traduzca en palabras, es muy probable que sí lo haga en un poderoso abrazo.

2. Los padres pasamos por ahí

Nunca olvidemos que fuimos adolescentes. Por lo tanto, no juzguemos con la vara de los años y la experiencia. Lo que hoy sabemos lo aprendimos allí, en la incertidumbre, en la duda entre lo debido y lo indebido.

Recordemos lo que nos hizo falta. Hagamos memoria de esos momentos y tengámoslos presentes y a la mano. A nuestro hijo le puede servir.

3. Comunicación

La comunicación con el hijo o la hija en la edad del pavo es el reto mayor. Como siente que se está enfrentando a un mar de dificultades, asume que hablar de su proyecto con los padres le resta energía y determinación.

En ese momento en el que se está venciendo a sí mismo, hablar con él o con ella puede resultar infructuoso. Lo sentirán como una intromisión.

Las palabras deben aparecer a la hora de la inflexión que antecede al balance. Estudios revelan que el varón recurrirá más a la madre que a los amigos, a diferencia de las chicas, que tienden a desahogarse más con las amigas.

4. Compartir

Más temprano que tarde los hijos se irán de casa y harán familia. De modo que, mientras estén con nosotros, aprovechemos para pasar con ellos los mejores momentos. Comidas especiales, películas favoritas, paseos que se vuelvan entrañables.

Planifiquemos encuentros con los amigos de la familia y los primos. Reuniones con los abuelos también propician el encanto de los cuentos que los ayudaron a crecer.

5. Respetar

Nuestro hijo adolescente se encuentra hipersensibilizado al cuestionamiento. Cree siempre estar haciéndolo todo bien y se enfrasca en sus razones.

Es prudente dejarlo correr, para que aprenda a conocer sus límites. Sabremos que ha llegado el momento de intervenir cuando lo veamos más ensimismado que de costumbre.

Si logra exteriorizar lo que le preocupa, alejemos el “te lo dije” y antepongamos el “inténtalo de nuevo”En estos aspectos vale la pena citar a la desaparecida psicoanalista argentina Arminda Aberastury (Buenos Aires, 1910-1972):

“Hasta hoy el estudio de la adolescencia se centró solamente sobre el adolescente. Este enfoque será siempre incompleto si no se toma en cuenta la otra cara del problema: la ambivalencia y la resistencia de los padres a aceptar el proceso de crecimiento.”

Padre e hijo adolescente.
La posibilidad de una comunicación paternal fluida es difícil en la edad del pavo, pero imprescindible.


 

De la edad del pavo a la consciencia del cambio

Sobre la adolescencia hay muchos mitos alimentados por la necesidad de captar el ansia de consumo modelado por los medios y las redes sociales. Es decir, se ha construido la imagen de un joven o una joven que logra su afirmación solo a través de estilos y modas.

El cine, la televisión y la cultura pop sobreexplotan de manera interesada la imagen de los adolescentes rebeldes sin causa. Resulta imperativo conversar al respecto con los hijos para que dicha etapa sea asumida con madurez, sin conflictos creados o artificiales.

Por otro lado, cada cabeza es un mundo y los hijos no tienen que cumplir necesariamente el papel que la sociedad parece atribuirles. Es cierto que los cambios están ocurriendo, pero si hay comunicación y comprensión, es muy probable que sean incorporados a procesos naturales y hasta anecdóticos.

Fuente: mejorconsalud.as.com

Identifica personas controladoras

¿Cómo reconocer a una persona controladora?

Una persona controladora suele sentirse amenazada todo el tiempo, ya que todos los cambios que suceden son potencialmente peligrosos para su perfecta planificación.
¿Cómo reconocer a una persona controladora?

La aspiración de una persona controladora es tener «todo en orden, bajo control». A simple vista, hay quienes dirán que no hay nada de malo en ello; después de todo, la planificación previene muchos problemas. No obstante, cuando analizamos un poco más allá, vemos que tras esa organización hay mucho esfuerzo, tensión y nervios previos.

La tranquilidad se sostiene de un precario equilibrio y pende de un hilo, ya que cualquier imprevisto amenaza con romper ese plan perfecto. Justo esto es lo que temen las personas controladoras. Así pues, veamos las señales para identificar esta forma de ser y cómo afrontarlo.

¿Cómo es una persona controladora?

Una persona controladora se caracteriza por dictaminar qué se hace y cómo, es decir, define todos los aspectos de una situación, ya que eso le hace sentir segura. Sin embargo, en el fondo tiene una personalidad insegura; por eso, busca tener el control.

Atiende a todos los detalles en extremo, dado que no sabe lidiar – ni tolera – las improvisaciones. El problema de tener una relación con una persona de estas características es que intenta «abordarlo todo». Así, con el tiempo, el vínculo se torna agobiante.

De hecho, puede derivar en consecuencias impensadas. Por ejemplo, en ámbitos laborales, cuando hay un jefe controlador, sus empleados se limitan a responder a sus órdenes, en lugar de buscar la innovación, apostar por la creatividad o introducir mejoras. De este este modo, aquello que en principio parece una virtud, se convierte en el talón de Aquiles de estas personas.

¿Cómo es una persona controladora?
La persona controladora precisa cada detalle. Además, intenta manipular a quienes lo rodean.

Características de una persona controladora

Hay muchas señales que permiten identificar a una persona controladora. Algunas de las más frecuentes son las siguientes:

  • Actúa como si protegiera a las otras personas. De este modo, disfraza sus ansias de control bajo una fachada de interés o preocupación.
  • En el fondo, este tipo de personas tiene una sensación permanente de inseguridad, de «amenaza». Por eso, está muy pendiente de aquellas situaciones que son de su interés, lo que le acarrea una vivencia constante de estrés.
  • Son personas inflexibles, a las que les cuesta adaptarse a los cambios e imprevistos. En general, intentan establecer sus propias reglas del juego. Por esto mismo, suelen ser poco espontáneas.
  • Son personas inseguras y de baja autoestima, aunque a veces parezca que «se comen el mundo». Temen perder el control y quedar expuestas o que la gente se dé cuenta de cómo se sienten realmente. Así pues, siempre intentan llevar la delantera.
  • En algunos casos, se trata de personas muy invasivas, que no respetan tu intimidad y que hasta pueden llegar a pedirte la clave del celular, la computadora, entre otras cosas.

¿Qué hacer con una persona controladora?

Aprender a afrontar las situaciones con una persona controladora puede evitar momentos incómodos. Algunas recomendaciones para actuar frente a esta personalidad son las siguientes:

Demostrar carácter

En un principio, es importante que no le des lugar a que tome el control de tu vida o a que asuma un rol más allá del que quieres que tenga. Es decir, evita darle explicaciones de dónde, cuándo, con quién o qué haces, se trate de tu pareja, tu amiga o tu padre.

No des explicaciones solo para evitar confrontar, ya que acabarás por cansarte. Mientras más explicaciones des, más te pedirán, de modo que el conflicto llegará en algún momento si la situación persiste.

Poner límites

No temas poner límites. Es necesario que hagas valer tu intimidad y tus derechos. Habrá detalles de tus actividades o historias que quieras compartir, pero cuándo y cómo, eso lo decides tú. Cuando lo hagas, actúa desde la asertividad y evita la violencia. No dejes de lado tus necesidades y tus deseos.

Dejar de lado la culpa

Muchas veces, las personas controladoras suelen responsabilizar a otros y repartir culpas; no permitas que eso suceda. Tampoco intentes dar explicaciones, ya que suelen tener un por qué para todo.

La otra cara de la culpa es que, muchas veces, esta persona emplea la manipulación emocional para tratar de conseguir lo que quiere. De esta manera, genera culpa y lástima en su interlocutor, quien acciona haciendo lo que le mandan. Así pues, aprende a decir «no» siempre que sea necesario.

Fortalecer la autoestima

Por último, también es muy importante que trabajes tu autoestima para poder valorarte y hacerte respetar. A veces, acabas complaciendo y cediendo para evitar el conflicto porque piensas que «no te cuesta nada». Por eso, el control empieza a extenderse como el agua sobre la arena.

Cuando hay una persona que ejerce control, del otro lado hay alguien que tiene dificultades para establecer límites. Por ello, es importante que también puedas «quebrar» con este lugar o rol.

¿Qué hacer con una persona controladora?
Una autoestima fuerte permite poner límites a las personas que tratan de tomar el control.

El control extremo es tóxico

Tal y como lo planteamos, tener cierto control sobre la vida es positivo, ya que permite tener un margen de seguridad, saber cómo actuar y no sentir que se está «en la nada». Sin embargo, esto no se debe confundir con controlar la vida de las otras personas; cada uno tiene su propia autonomía y la libertad para tomar sus decisiones.

El control suele derivar en conflicto y es tóxico para las relaciones, ya que el entorno termina por sentirse abrumado. Por supuesto, es importante entender que no se trata de blanco o negro. Muchas veces, detrás de ciertos comportamientos hay historias que permiten entender mejor el por qué de estos.

Por ejemplo, en ciertos casos la necesidad de control proviene del tipo de crianza recibida, como la autoritaria o la rígida. En este sentido, ya sea que seas la persona que busca ejercer control o seas quien está pasando por una situación similar, es importante que pidas ayuda para evitar dañar tu salud mental o la de quienes te rodean.

Por último, en el camino al cambio, es necesario «blanquear» las consecuencias en la propia salud respecto a querer tener el control. Y es que esto deriva episodios de ansiedad, estrés, depresión y tensión permanente, pues no se puede pasar ni un solo detalle.

 

Fuente: mejorconsalud.as.com

Persona pasivo-agresiva, una gran manipuladora

La persona pasivo-agresiva, una gran manipuladora: 3 cosas que debes saber

Si en nuestro entorno hay alguna persona pasivo-agresiva debemos procurar ayudarla. En lugar de alejarnos, intentaremos que encuentre una solución para esa frustración que tiene en su interior
La persona pasivo-agresiva, una gran manipuladora: 3 cosas que debes saber

La persona pasivo-agresiva padece en realidad un problema en su personalidad.

Según esta información de la Clínica Mayo, sus principales características comportamentales residen en la obstinación continua, en reaccionar de forma desafiante ante las demandas de los demás y en mostrar siempre una actitud tan negativa como derrotista. Convivir con ellas es tan complejo como desgastante.

Como siempre ocurre con la personalidad, hay quien muestra menos características y hay quien las acumula todas. No obstante, lo que está claro es que su capacidad de manipulación es tan hábil que construye relaciones marcadas siempre por un gran sufrimiento e infelicidad.

Es posible que en la actualidad estés conviviendo con una de estas personas. Puede incluso que tengas un familiar o un compañero de trabajo con este tipo de trastorno.

Si es así, es recomendable saber que existen estrategias de afrontamiento y adecuadas terapias psicológicas con las que reducir este comportamiento negativo y hostil causado casi siempre por dos dimensiones muy básicas: la ira y la frustración.

Hoy en nuestro espacio te proponemos saber un poco más sobre este tipo de personas.

1. ¿Qué características presenta la persona pasivo-agresiva?

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Para empezar, algo que debemos tener claro es que no todas las personas con este tipo de personalidad evidencian cada uno de los comportamientos que detallaremos a continuación.

Sin embargo, lo que sí evidencia la persona pasivo-agresiva es un arte muy hábil a la hora de poner en práctica una marcada hostilidad recubierta con “terrones de azúcar“.

Es decir, son capaces de hacernos daños de forma compasiva simulando cariño cuando lo que hay en el trasfondo es un deseo expreso por humillar, controlar o ridiculizarnos.

Estas serían por tanto las características más básicas.

  • Pasión por criticar a los demás. No hay realidad, persona o matiz cotidiano que se libre de una buena crítica.
  • Cuando los conocemos de verdad, descubrimos que siempre se muestran desagradables e irritados por algo.
  • No obstante, cuando deseen algo de nosotros no dudarán en mostrarse amables, detallistas y tan cálidos como les sea posible.
  • Se olvidan de las cosas expresamente para no asumir responsabilidades.
  • Todo lo que empiezan lo dejan a medias.
  • Son cínicos.
  • Muestran una curiosa habilidad para echar la culpa a los demás, aunque la responsabilidad sea de ellos.
  • Suelen ir de víctimas, son los menos valorados, los menos respetados, los menos felices…
  • Odian la autoridad.
  • Rechazan las sugerencias de otros.

2. ¿Qué hay detrás de este tipo de personalidades?

Esto es lo primero que pensamos. ¿Por qué actúan de este modo si, a largo plazo, lo que consiguen es mayor frustración y relaciones sociales disfuncionales?

Estas serían algunas explicaciones:

  • Por lo general, son personas criadas en familias donde no se practica una adecuada gestión emocional.
  • No se les enseñó a canalizar la ira, ni a desahogar el enfado.
  • Cuentan con una baja autoestima.
  • Poco a poco se han dado cuenta de que, controlando a los demás y asumiendo una posición de poder, sus carencias quedan disimuladas.
  • A su vez, en algún momento de su vida percibieron que al desplegar conductas amables y cariñosas logran conseguir aquello que quieren.
  • No saben gestionar sus emociones negativas. Al no lograrlo se intensifica su rabia y la sensación de que el mundo es injusto y nadie les entiende.

3. Cómo tratar a la persona pasivo-agresiva

Es muy posible que la primera idea que se nos venga a la cabeza sobre cómo “lidiar” con una persona pasivo-agresiva sea huir de ella. Bien, cabe decir que no es lo adecuado. No lo es por varias razones.

La primera es que puede que seamos nosotros mismos quienes lo suframos, y la segunda es que no siempre podemos o debemos huir de aquello que nos enturbia o nos es muy complejo.

Comprender

  • Así, lo primero que debemos hacer es COMPRENDER. Entender las bases de esta personalidad nos ayudará mucho.
  • Lo segundo es no ceder a su control. Es necesario que pongamos sobre la mesa las consecuencias de sus actos y nuestra negativa a ceder ante lo que no nos gusta o no es lógico.
  • No podemos olvidar que lo que nutre las raíces de la persona pasivo-agresiva es la baja autoestima. Por tanto, algo que teme más que nada es quedarse sola.

Recuerda que no debes ceder ante ellos

Debemos ser asertivos con ellos, poner límites, ser razonables y sugerirles opciones correctas a su comportamiento.

  • Si me hablas con cinismo no confiaré en ti, respétame.
  • Si eres tan negativo lo único que conseguirás es aislarte en tus propios miedos.
  • En lugar de buscar siempre mis defectos y criticarme demuéstrame que eres capaz de ver algo bueno en mí.

Propón que busque ayuda profesional

La persona pasivo-agresiva sufre un acusado síndrome de inferioridad, una gestión inmadura de sus emociones y una autoestima muy baja.

Nadie puede ser competente ni social ni afectivamente con estas carencias, con estas limitaciones. Por tanto, es prioritario que aúne valentía para pedir ayuda profesional. La terapia cognitivo-conductual, por ejemplo, es muy recomendable en estos casos.

Es necesario recordar que el pasivo-agresivo no es un enfermo, solo es alguien que, tras su antipática armadura y su conducta manipuladora, esconde un ser frágil que debe ser ayudado.

Intentemos, por tanto, que dé el paso hacia el bienestar, hacia la clara voluntad de querer mejorar mediante una buena terapia.

 

Fuente: mejorconsalud.as.com

Consigue paz interior

7 sencillos pasos para conseguir la paz interior

La paz interior, como su propio nombre indica, no depende de las circunstancias externas, de lo que nos sucede, si no de la perspectiva con la que decidimos mirar la vida.
7 sencillos pasos para conseguir la paz interior

Conseguir la paz interior parece algo utópico en estos tiempos. Entre tanta responsabilidad laboral, familiar y personal ¿cómo mantener la calma? Nos faltan horas en el día para llegar a cumplir todas nuestras obligaciones, para alcanzar el estatus y el éxito que socialmente se nos exigen.

Pero, ¿qué pasaría si, por un momento, reordenásemos nuestras prioridades? Si comenzásemos a darle valor a lo que verdaderamente lo tiene: la salud, la tranquilidad, la compañía de nuestros seres queridos y la felicidad de los pequeños momentos. Y es que como su propio nombre indica la paz interior no es algo que viene de fuera, de nuestras circunstancias, si no de la actitud que personalmente elegimos adoptar. 

Las gafas que decidimos ponernos para caminar por la vida definen el modo en que la vemos. Por ello, si eres una de las muchas personas que sufre de estrés y ansiedad y deseas cambiar esta realidad, comienza por cambiarte a ti mismo.

7 pasos para conseguir la paz interior

Si quieres alcanzar la paz interior, te aconsejamos:

1. Ocuparse o preocuparse

Uno de los cambios más importantes que debes realizar es el de desterrar la preocupación de tu vida. Preocuparse, aunque a veces resulte inevitable, realmente es inútil. De nada sirve darle vueltas a un asunto una y otra vez, realizando el mismo recorrido mental que nos lleva a un callejón sin salida y aumenta nuestra ansiedad.

Cambia el foco, en lugar de preocuparte, ocúpate. Cuando se te presente una situación adversa analízala detenidamente una sola vez, y decide si tiene solución, si puedes hacer algo al respecto o no. Si la tiene, adelante, actúa. Esa es tu labor, accionar para modificar aquello que te desagrada.

Y si no la tiene, actúa también. Pero esta vez actúa para controlar tu mente. No te permitas entrar en un bucle infinito de preocupación y rumiación respecto al tema. Enfócate en aceptar la realidad que ha llegado, fluir con ella, extraer un aprendizaje y seguir adelante.

2. Respiración

Existe una correlación directa entre nuestro estado físico y nuestro estado mental. Por ello, cuando la ansiedad te desborde, siéntate y respira. Realiza respiraciones lentas, profundas y diafragmáticas y de inmediato comenzarás a sentir la relajación en tu cuerpo. Acto seguido comprobarás como la tensión mental disminuye de forma pareja.

Pero no es suficiente con utilizar este recurso como medida de emergencia. Si realmente deseas conseguir la paz interior, haz de la respiración un hábito. Dedica, al menos, dos periodos de 10 minutos cada día para respirar de la forma adecuada. Y, en poco tiempo, notarás que tus niveles generales de ansiedad se reducen significativamente.

Hombre mirando al infinito buscando la paz interior

 

3. Pensamiento positivo para conseguir la paz interior

Como antes hemos comentado, es imprescindible seleccionar cuidadosamente con qué gafas deseas mirar el mundo. Si miras a través de los cristales de la queja, del victimismo, de la indefensión… solo sentirás frustración e impotencia. Hemos acostumbrado a nuestra mente a buscar, hallar y detectar todo lo negativo que nos rodea: problemas, dificultades, limitaciones… ¿Cómo ser feliz, cómo estar en paz si te sientes rodeado de adversidades?.

Sin embargo, del mismo modo puedes entrenar a tu cerebro para identificar cada oportunidad, recurso y aspecto positivo de la vida. Comienza por hacerlo de forma deliberada, esfuérzate en reconocer y agradecer cada día todo lo bueno que tienes. Y, con el tiempo, esta función se automatizará y sentirás, de pronto, que eres afortunado.

4. Ejercicio y movimiento

Puede resultar contraintuitivo pensar que para alcanzar un estado de calma y relajación haya que ponerse en movimiento. Pero realmente es así. Realizar ejercicio de forma regular no solo tiene beneficios para la salud física, también mejora nuestra salud mental. Nos ayuda a despejar la mente, a desconectar de las preocupaciones y ganar confianza y autoestima. 

Chica buscando la paz interior haciendo ejercicio

 

5. Sueño de calidad

Por último cuida que tu descanso sea suficiente en cantidad y calidad. Una de las manifestaciones más comunes de la ansiedad es el insomnio, pero la falta de sueño solo empeora y agrava la situación. Por ello, ponte el firme propósito de dejar las preocupaciones a un lado a la hora de dormir.

Dedica la última hora antes de acostarte a realizar alguna actividad relajante y placentera que aleje tu mente de los asuntos que te preocupan. Hoy no puedes hacer nada, mañana te ocuparás de ellos, ahora prioriza tu sueño.

6. Vive el presente

Vivir el presente implica atender únicamente lo que está sucediendo en el aquí y el ahora. En otras palabras, significa estar en consonancia con lo que está aconteciendo en este preciso momento; y estar consciente de que todo lo que está fuera de él sencillamente no existe sino en nuestra mente e imaginación.

Si logras entrenarte para vivir el presente, ni los fantasmas del pasado ni los miedos del futuro atormentarán tu paz interior. Una forma de hacerlo es a través de la meditación o el mindfulness. Así que ¡no dudes en intentarlo!

7. Sé tu mismo

Sabemos que esta frase raya en lo cliché y está un poco desgastada. No obstante, aprender a ser uno mismo es todo un reto y representa uno de los pilares que garantizan el bienestar. Muchas personas sienten miedo de manifestar sus opiniones, deseos, gustos… y desean encajar a costa de una máscara. A la larga, esto perturba la paz interior y lleva a la inconformidad.

Por tanto, lo ideal es que aprendas a conectar contigo mismo y vivas sin que te importe lo que dirán los demás. Así lograrás alcanzar esa paz interior que tanto anhelas.

 

Fuente: lamenteesmaravillosa.com

Paz interior y ser feliz

Cómo encontrar la paz interior y ser feliz

Cómo encontrar la paz interior y ser feliz

Este es uno de los propósitos vitales más importantes. La paz interior es la base necesaria de un estilo de vida en el que te sientes en armonía contigo mismo y con tus decisiones. Tal vez sientas que existen ingredientes que alteran tu calma anímica, por ejemplo, el estrés. Mientras que en el lenguaje coloquial, a veces, se confunde la felicidad con la euforia constante, en realidad, el verdadero bienestar nace de la armonía, el equilibrio y la serenidad de esa paz interior que es tu refugio.

Cuando has alcanzado este estado, la paz interior va contigo allí donde vas. ¿Cómo encontrar la paz interior y ser feliz?

5 consejos para tener paz interior y ser feliz

Para concretar este camino de superación te damos estos cinco principios esenciales para lograr este propósito tan importante.

1. Practica el bien

La bondad está íntimamente ligada a la paz interior. Piensa en el bienestar que sientes cuando has hecho lo correcto. Por tanto, lleva este compromiso humano con la ética de la virtud a tu día a día. Las mejores acciones son aquellas que son objetivamente buenas. Recuerda que el fin no justifica los medios.

No dejes de hacer algo solo por el qué dirán. Por el contrario, actúa de tal forma que cuando estés a solas contigo mismo en la intimidad de tu conciencia te sientas orgulloso por cómo te has comportado.

2. Vive el presente

Este es un principio básico y esencial, bajo esta máxima se trabaja la terapia cognitiva del mindfulness. Estás viviendo el día de hoy, por tanto, centra tu presencia en aquello que vas a hacer en esta jornada. Tu paz interior se rompe de manera frecuente por la anticipación constante del mañana y por miedos que, en muchos casos, nunca se harán realidad.

¿Cómo llevar a la práctica este propósito de vivir el presente? Tomando decisiones relativas al día de hoy en lugar de vivir tan pendiente de que llegue el viernes.

3. Agradece lo que tienes

Tu nivel de felicidad aumenta cuando, de verdad, valoras más tus motivos de buena suerte y das menos importancia a aquello que te falta. Para fomentar la rutina de la gratitud como un valor prioritario puedes comenzar cada día enumerando tres razones por las que quieres dar gracias a la vida.

4. Cuida tus relaciones personales

Tu nivel de felicidad aumenta cuando cuidas tus vínculos sociales. Para ello, intenta construir los vínculos de apego con la familia, amistad y compañerismo desde el respeto a la individualidad de cada ser humano. Valora a cada persona por sus virtudes en lugar de querer cambiarle por sus defectos.

5. Diferencia entre aquello que depende de ti y lo que no

Este es otro de los principios básicos de la paz interior. ¿Tienes un problema que te preocupa? Entonces, ocúpate de solucionarlo. ¿Se trata de un asunto que trasciende a tu propio campo de actuación? Entonces, acepta este hecho.

Cómo encontrar la paz interior y ser feliz - 5 consejos para tener paz interior y ser feliz

Factores que impiden la tranquilidad mental y emocional

  1. El perfeccionismo. 1Esa idea que te hace sentir que nada está a la altura de ese ideal que tienes en tu mente. La vida no es perfecta pero es real. Y esto es lo más importante.
  2. El miedo a la soledad. En lugar de alimentar este miedo con pensamientos negativos, alimenta la esperanza de la compañía por medio del tiempo dedicado a las relaciones personales (cuida tus vínculos con los demás pero también contigo mismo).
  3. Complicar lo sencillo. ¿Cuántas veces te has dado cuenta de que habías magnificado un asunto en tu mente cuando en la realidad todo era más sencillo?
  4. Compararte con los demás. Cada persona tiene su camino. Tu paz interior se rompe cuando mides tu realidad en comparación con la de otra persona. Una comparación que no solo puede ser presencial, sino también virtual.
  5. El estrés. Es natural que existan instantes de estrés, sin embargo, no es lógico normalizar este estado emocional como si para ser realmente productivo fuese necesario experimentarlo. Los efectos del estrés crónico te alejan de la paz interior y afecta a tu salud.

Sentimientos para cultivar la paz espiritual y mental

  1. Ilusión. Identifica aquello que te ilusiona en el día a día poniendo una atención especial en los pequeños detalles de la rutina.
  2. Comprensión. Un ingrediente necesario contigo mismo y con los demás. Por ejemplo, en lugar de juzgarte de manera negativa, intenta comprenderte.
  3. Esperanza. Este sentimiento te ayuda a observar la luz en el horizonte incluso en situaciones de dificultad.
  4. Paciencia. La vida tiene su propio ritmo y este compás no siempre está alineado con tus expectativas. Aprender a esperar es una receta necesaria para mantener la paz interior.
  5. Perdón. Necesitas cerrar capítulos no superados. Y esto pasa, en algunos casos, por el perdón como medicina necesaria para pasar página.

¿Cómo encontrar la paz interior y ser feliz? Viviendo como protagonista cada día de tu vida.

 

Fuente: psicologia-online.com