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Salud mental con los hijos

Cómo cuidar y hablar de la salud mental con los hijos

Hablar de salud mental con tus hijos les prepara para afrontar esta realidad tan presente, comprenderla y ser capaces de pedir ayuda si la necesitan. Te contamos cómo abordar esta conversación.
Cómo cuidar y hablar de la salud mental con los hijos

Criar y cuidar a un niño no solo implica preocuparse por su salud física, sino también atender a sus necesidades emocionales. Esto es algo que con frecuencia se olvida, ya que se tiende a pensar que los pequeños tienen una vida fácil y sin preocupaciones. En realidad, hablar de salud mental con los hijos y cuidar su bienestar en este aspecto es fundamental; por esto, te ofrecemos algunas claves para lograrlo.

Cabe mencionar que actualmente se estima que uno de cada ocho menores presenta un trastorno psicológico y muchos más pueden padecer signos y síntomas que no llegan a constituir un diagnóstico. Más del 50 % de los trastornos mentales se inician durante la infancia y la adolescencia; por eso, la prevención debe empezar desde los primeros años y partir de la familia.

¿Por qué cuidar y hablar de la salud mental con los hijos?

Cómo cuidar y hablar de la salud mental con los hijos

Aunque pueda resultar incómodo, nunca es pronto para hablar de salud mental con los niños. Por supuesto, deberás adaptar el lenguaje y el mensaje a su edad, pero deberás informarles de una realidad que está cada vez más presente.

Al hacerlo, les ayudas a comprender y a desarrollar empatía por las personas de su entorno (familiares, amigos o compañeros de clase) que sufren algún trastorno; pero, lo más importante, les ofreces herramientas para cuidar su propio bienestar psicológico.

En realidad, los niños pueden estar expuestos a diversas situaciones cotidianas que pueden generar estrés, ansiedad, depresión, problemas de conducta o trastornos alimentarios.

Los conflictos familiares, los problemas escolares, las etapas de cambio en sus vidas, la influencia de la tecnología y las redes sociales… hay múltiples factores de riesgo. Así, es fundamental enseñarles a lidiar con las adversidades y gestionarlas de un modo positivo.

¿Cómo hablar de la salud mental con los hijos en función de su edad?

El mensaje sobre salud mental que debes transmitir a tus hijos depende mucho de su edad, su madurez y su capacidad de comprensión. Así, te mostramos algunas orientaciones que pueden ayudarte a abordar dicha conversación.

De 2 a 6 años

La educación sobre salud mental puede comenzar desde el momento en que los niños comienzan a hablar y a comprender el lenguaje. En esta primera etapa es relevante centrarse en la educación emocional; es decir, ayudar a los niños a identificar las emociones y ponerles nombre y, en cierta medida, ayudarles a gestionarlas.

Para esto, puedes valerte de libros y cuentos con ilustraciones que muestren las diferentes expresiones faciales asociadas a las emociones o de herramientas como el termómetro emocional. También, es importante ayudarles con tus palabras a identificar lo que van sintiendo en el día a día (por ejemplo: sé que estás enfadado porque no querías irte del parque).

De 7 a 10 años

En este momento, los niños ya son más capaces de reconocer y expresar sus emociones, por lo que tu labor ha de ser la de facilitarles esta expresión al ofrecerles oportunidades frecuentes para ello.

Conversar en familia durante la comida o la cena puede ser una buena alternativa, pero, además, para que no se sienta como un interrogatorio, puedes implementar dinámicas conjuntas. Por ejemplo, adoptar el hábito de cada noche compartir cada miembro de la familia lo mejor y lo peor de su día, aquello que le entusiasma y si hay algo que le preocupa.

De 11 a 14 años

En esta etapa, puedes hablar abiertamente de las enfermedades mentales pues, probablemente, los niños ya sepan de muchas de ellas. Puedes iniciar preguntándoles qué saben al respecto para después corregir la información errónea y proporcionarles más datos. Es importante enseñarles a detectar en ellos mismos las señales de que algo va mal y animarles a pedir ayuda en caso de que esto suceda.

De 14 en adelante

Durante la adolescencia, suceden grandes cambios difíciles de gestionar, por lo que la clave en este momento es supervisar (desde la distancia, ofreciendo la independencia que reclama el menor) y ser comprensivos y tolerantes. Lo fundamental es tratar de mantener las vías de comunicación abiertas y generar una confianza con el joven que le permita acudir a ti en busca de ayuda.

Claves para cuidar de la salud mental con los hijos

Cómo cuidar y hablar de la salud mental con los hijos

Hablar con los hijos de salud mental es necesario, pero no suficiente, también has de proporcionarles herramientas y medios para cuidar de su bienestar psicológico. Algunos puntos cruciales al respecto son los siguientes.

Crianza positiva

Establecer un vínculo de apego seguro con los progenitores y crecer con una crianza positiva y respetuosa es un gran garantía para una buena salud mental a futuro. Por esto, ama y acepta incondicionalmente a tus hijos, establece límites apropiados y fomenta su autoestima y autonomía.

Buenos hábitos

La salud física y mental están estrechamente relacionadas por lo que es esencial tener unos hábitos de vida saludables desde la infancia. La alimentación equilibrada, la actividad física regular, las oportunidades de socialización, los buenos hábitos de sueño, vivir en entornos limpios y organizados… Estos pequeños factores que en el día a día se descuidan pueden marcar la diferencia; procura inculcárselos a tus niños.

Diálogo interno adecuado

Contar con un diálogo interno positivo ayudará a tus hijos a prevenir la aparición de problemas de salud mental. Esto consiste en adoptar el hábito de tener pensamientos flexibles y constructivos que les ayuden a gestionar las dificultades y ser resilientes. Así, han de acostumbrarse a hablarse a sí mismos con amor y respeto, a no criticarse ni compararse y a dedicarse palabras de aliento y motivación.

Ten presente que los pensamientos de los hijos son en gran medida el reflejo de la forma en que los padres les hablan durante su crecimiento. Por esto, presta atención a tus propias palabras.

Herramientas personales

Para enseñar a tus hijos a cuidar su salud mental desde pequeños, puedes entrenarles en ciertas técnicas y prácticas que son de gran utilidad: por ejemplo, la meditación, la asertividad para saber comunicarse o la inteligencia emocional.

Estas técnicas deberán estar adaptadas a la edad; así, para los niños más pequeños puede ser útil implementar el rincón de la calma o enseñarles a realizar la técnica Koeppen. Los más mayores pueden aprender otras técnicas de relajación o utilizar la escritura terapéutica para canalizar sus emociones.

¿Cuándo pedir ayuda?

Aunque implementes todas las anteriores recomendaciones, ninguna persona está exenta de sufrir problemas de salud mental. Por eso, has de estar abierto a la posibilidad de pedir ayuda profesional. Para saber cuándo ha llegado este momento, conversa a menudo con tu hijo pero, sobre todo, fíjate en su conducta. Algunos signos de alarma pueden ser los siguientes:

  • Presenta alteraciones del sueño o del apetito
  • Se muestra triste, irritable o apático, y no tiene interés por ninguna actividad
  • Tiene cambios de humor bruscos o reacciona de forma intensa ante problemas menores
  • Se preocupa en exceso y estos temores limitan su día a día
  • Tiene dificultades para socializar y encajar con sus iguales
  • Manifiesta dolores y molestias físicas sin causa aparente

 

Hablar de la salud mental con los hijos es un trabajo diario

En definitiva, hablar de la salud mental con tus hijos es abrirles la puerta a conocerse, comprenderse y ayudarse cuando sea necesario. Normalizar las conversaciones sobre las emociones, los miedos o las dificultades ayuda a eliminar el sentimiento de culpa y vergüenza, y anima a tomar medidas para recuperar el bienestar. Por esto, desde sus primeros años, cuida este aspecto.

 

Fuente: mejorconsalud.as.com

¿Cómo controlar la ira?

¿Cómo controlar la ira?

La ira es una emoción universal innata. Todos tenemos la capacidad de experimentarla. Forma parte de las seis emociones básicas que el psicólogo Paul Eckman identificó como comunes a todos los seres humanos:

La sorpresa, el asco, el miedo, la alegría, la tristeza y la ira.

Estas seis emociones están asociadas a la capacidad del ser humano para adaptarse a su entorno. Por lo tanto, si forman parte de nuestro registro emocional actual es porque nos han resultado evolutivamente beneficiosas. Es cierto que algunas de estas emociones son más cómodas de experimentar que otras, pero todas ellas tienen su función y su razón de ser.

¿Qué es exactamente la ira?

La ira es una emoción que sentimos las personas en respuesta a una amenaza real o ficticia. Nos provoca enfado, irritación, sentimientos de indignación y frustración.

Surge en un contexto de vulnerabilidad, y su cometido evolutivo es motivarnos a combatir aquello que pueda dañarnos. Para ello, el cuerpo reacciona a nivel fisiológico elevando el ritmo cardíaco y la presión sanguínea, y segregando adrenalina y noradrenalina.

En el pasado era habitual sentir miedo o ira delante de un depredador que intentaba cazarnos, o ante un rival que amenazaba nuestra supervivencia robándonos nuestros víveres. Era una emoción totalmente adaptativa. Nuestra mente y nuestro cuerpo reaccionaban para resolver una amenaza real.

El problema es que hoy en día no hay demasiadas amenazas que pongan en peligro nuestra integridad. En cambio, sí hay muchas situaciones en que las personas expresamos una rabia desmesurada, debido a nuestra incapacidad para gestionar las emociones adecuadamente.

ira en la cara
La ira es una emoción natural en el ser humano, pero puede perjudicarnos si no aprendemos a controlarla

Dos tipos de ira

Según nuestra forma de expresar la ira, podemos diferencias dos formas claras: la ira agresiva y la ira pasiva.

Ira agresiva

Es una forma de manifestar la frustración mucho más visible que no da lugar a equívocos. Así, podemos encontrar que las personas realizan algunas de las siguientes acciones:

  • Gritan de forma desproporcionada.
  • Juzgan a la otra persona desde la superioridad.
  • Culpan de su frustración a otra persona o a algo externo.
  • Amenazan al otro.
  • Destruyen objetos.
  • Ejercen la violencia física contra la otra persona.
  • No muestran ningún tipo de empatía.
  • Castigan de forma injusta.
  • Utilizan la venganza para resolver el conflicto.
  • Actúan de forma imprevisible.

Ira pasiva

Puede expresarse de las siguientes maneras:

  • No gestionan bien la rabia y la reprimen.
  • Sienten rencor, pero no lo verbalizan.
  • Manipulan a los demás.
  • Desprecian a la otra persona mostrando indiferencia.
  • Eluden el contacto visual.
  • Sienten superioridad por controlar aparentemente sus emociones.
  • Critican al otro a sus espaldas.
  • Adoptan el papel de víctimas.
  • Sabotean al otro.
  • Evitan el conflicto.

Este modo de sentir la ira es más sutil y puede pasar desapercibido, pero tanto la ira agresiva como la ira pasiva son perjudiciales para quienes la ejercen.

ira pasiva
En la ira pasiva los signos son más sutiles y pueden no notarse obviamente

Estrategias para manejar la ira

Los sujetos que tienen dificultad para gestionar la rabia, especialmente cuando son más agresivos, manifiestan en muchas ocasiones que no son capaces de controlarse. Sin embargo, todos podemos aprender a expresar nuestras emociones de manera mucho más adecuada. Veamos algunas formas.

1. Conocerse a uno mismo

El autoconocimiento es indispensable para mejorar nuestra gestión emocional. Todos tenemos heridas emocionales que se van acumulando a lo largo de la vida; es inevitable. No obstante, tener presente qué es lo que hace que la herida vuelva a sangrar puede ayudarnos a resolver el conflicto de manera más adecuada la próxima vez que algo nos afecte especialmente.

2.  Aceptar de la realidad

En la mayoría de ocasiones, el sufrimiento de las personas que sienten una gran rabia e impotencia proviene de la no aceptación de lo que sucede. Cuanto antes asumamos que las circunstancias son como son y no como quisiéramos, antes dejaremos de resistirnos y sufrir.

3. Detectar las distorsiones cognitivas

Lo reconozcamos o no, nuestro diálogo interno está lleno de ideas irracionales y distorsiones cognitivas. Si realizamos un entrenamiento para detectar los pensamientos que nos están perjudicando especialmente, seremos capaces de reaccionar mejor la próxima vez que una situación nos resulte amenazante.

enojo y rabia
El control de la ira se basa en el autoconocimiento que podamos practicar

4. Entrenar las habilidades sociales

Las personas con dificultades para gestionar la rabia pueden beneficiarse enormemente de un entrenamiento en habilidades sociales. De ese modo, aprenden a reaccionar de manera asertiva, una forma mucho más respetuosa y empática de resolver conflictos.

5. Trabajar la autoestima

Los sujetos que no controlan su ira suelen ser personas con una autoestima poco saludable. En muchas ocasiones ni siquiera son conscientes del dolor que provocan en las otras personas, pero cuando sí lo son suelen sentir un gran desprecio hacia sí mismos. Por ello, es importante que estas personas se conozcan bien a sí mismas y aprendan a valorarse de una forma más sana.

6. Sentir compasión

Relacionado con la consigna anterior, los individuos con dificultades para gestionar su rabia tienen que aprender a perdonarse y a reconocerse desde la compasión. Solo así, desde una aceptación profunda y un amor incondicional, podrán cerrar todas sus heridas.

Recomendaciones finales para controlar la ira

Aprender a gestionar la rabia, y todo lo que ello supone, no es algo que podamos aprender rápidamente en pocos días. Requiere de mucha humildad, para reconocer los errores del pasado, y de mucha voluntad para querer cambiar a partir de ahora.

No obstante, si las personas deciden solucionar esta dificultad, la psicología ofrece numerosas herramientas para llevarla a cabo de forma exitosa. La incapacidad para controlar la ira puede llegar a ser un conflicto del pasado.

 

Fuente: mejorconsalud.as.com

Enganches emocionales

Enganches emocionales: ¿por qué se dan y cómo evitarlos?

Si confundes el amor con los enganches emocionales, puedes vivir relaciones que te hagan sufrir enormemente. Descubre cómo detectarlos y evitarlos.
Enganches emocionales: ¿por qué se dan y cómo evitarlos?

El amor es un sentimiento noble y elevado que hace tu vida más plena. Sin embargo, con frecuencia se etiqueta como amor a lo que no son más que enganches emocionales y relaciones desequilibradas que solo causan sufrimiento. ¿Por qué terminas envuelto en este tipo de dinámicas?, ¿puedes hacer algo para salir de ese doloroso círculo? A continuación, te contamos más al respecto.

Se ha encontrado que más del 49 % de las personas declaran sufrir de dependencia emocional; la proporción de mujeres es mucho más elevada que la de hombres. Estas cifras dejan en claro que las personas no siempre saben amar, que multitud de parejas viven instaladas en la insatisfacción cuando no en el abuso. Los enganches emocionales son una realidad muy presente; pero ¿cómo puedes combatirla?

¿Por qué se producen los enganches emocionales?

No soy feliz con mi pareja, ¿qué hago?
Las parejas con dinámicas nocivas suelen tener períodos de gran compenetración y atención, y otros de desinterés.

Desde fuera, puede resultar difícil entender por qué una persona permanece en una relación que le hace infeliz, que no cubre sus necesidades y que le causa tanto daño. Sin embargo, este tipo de vínculos nocivos cuentan con unas dinámicas que los hacen perpetuarse.

Generalmente, la pareja de la persona dependiente aplica lo que en psicología se conoce como «refuerzo intermitente»; esto es, ofrece atención, afecto, valoración y apoyo solo en ocasiones y de una forma impredecible e inconsistente.

Esto genera en la otra persona un enorme enganche emocional que le lleva a tolerar la indiferencia o los malos tratos con la esperanza de que en cualquier momento volverá a recibir ese refuerzo de amor.

Se ha estudiado ampliamente el efecto del refuerzo intermitente llegando a la conclusión de que es una de las técnicas más efectivas para mantener una conducta. Evidentemente, si la persona siempre tratase mal a su pareja, para esta sería sencillo abrir los ojos y abandonar la relación. Sin embargo, es esta falta de control entre lo bueno y lo malo lo que hace que quedes atrapado.

¿Qué personas pueden caer en este tipo de dinámicas?

Nadie está realmente exento de poder verse involucrado en estas relaciones dañinas, pero es cierto que hay personas más propensas y vulnerables. Por lo general, suelen presentar estas características:

  • Presentan un estilo de apego ambivalente. En la infancia, su cuidador principal no supo satisfacer sus necesidades infantiles de forma consistente y, por el contrario, actuaba de forma impredecible, ofreciendo amor y contención en ocasiones y hostilidad en otras. Así, la persona vive en constante alerta en sus relaciones tratando de asegurarse de que recibirá lo que necesita, pero sin confiar en que sucederá.
  • Son personas con una baja autoestima y un pobre autoconcepto. A nivel consciente o inconsciente, no se consideran merecedoras ni dignas de afecto y respeto; por esto, toleran lo intolerable.
  • Tienen dificultades para hacer valer sus opiniones, sentimientos y necesidades. Presentan un gran miedo al rechazo, al abandono y a la soledad, y tienden a ser excesivamente complacientes.
  • Vuelcan todo su tiempo y energía en la pareja, le dan hasta lo que no pide y tratan de «solucionarle la vida». Sin embargo, este comportamiento aparentemente altruista busca en realidad generar una deuda en el otro para exigirle que ofrezca el reconocimiento que el otro necesita.

¿Cómo evitar los enganches emocionales?

Para evitar los enganches emocionales hay que mover el foco del otro y colocarlo en uno mismo. Es imprescindible dejar de culpar a la pareja, salir de la posición de víctima y hacerse responsable: el trabajo ha de hacerse con uno mismo.

El objetivo es encontrar aquello que te lleva a elegir parejas egocéntricas, narcisistas y poco disponibles emocionalmente, y a mantenerte en relaciones que te causan sufrimiento. Algunas acciones que puedes tomar al respecto son las siguientes.

consejos para mejorar la autoestima
Amarte y valorarte a ti mismo es fundamental para evitar enganches emocionales… o librarte de ellos.

Reconocer el enganche emocional

A pesar de que puede ser doloroso, es importante reconocer que tienes un enganche emocional para poder tomar acciones al respecto. Así, presta atención a los siguientes signos:

  • Sientes que tú quieres más a tu pareja que ella a ti, y esto te lleva a sentir miedo, a ceder y a ser complaciente a fin de no perder su compañía.
  • La relación es desequilibrada; es decir que inviertes más de lo que recibes y sientes que tus opiniones y deseos no son tenidos en cuenta.
  • Experimentas sentimientos encontrados y muy intensos frente a tu pareja. Por un lado, la amas; por el otro, la odias. Esta polarización es un signo de inestabilidad y de un vínculo poco saludable.
  • Pensar en dejar a tu pareja o en que esta rompa el vínculo te causa una enorme ansiedad y un terrible miedo. Pese a que la relación te hace sufrir, te sientes incapaz de seguir adelante por tu cuenta.

Trabajar la autoestima y el merecimiento

Es importante que comiences a cultivar tu amor propio y a construir una autoestima sólida. Revisa lo que piensas de ti, la forma en que te hablas y lo que toleras en tu vida. Hacer cambios al respecto por uno mismo puede ser complicado, por lo que tal vez el acompañamiento profesional te ayude en este objetivo.

Priorizarte y dejar de complacer

Para salir de los enganches emocionales, has de tomar la decisión de colocarte en una posición de prioridad y comenzar a actuar en consecuencia. Esto significa acostumbrarte a escuchar tus necesidades y emociones, y atenderlas siempre en primer lugar. Piensa en todo lo que haces por la persona que amas y hazlo primero contigo.

Poner límites y ser asertivo

Para dejar de participar en relaciones desequilibradas, tóxicas o abusivas, has de aprender a poner límites. Para esto, puedes recurrir a la comunicación asertiva y practicarla con frecuencia. La misma te invita a expresar con respeto, pero con firmeza, lo que crees, sientes y necesitas. Te permite negarte, hacer peticiones y proteger tu integridad sin miedo.

Estar dispuesto a soltar

Esta última parte es la más compleja, pero una de las más necesarias. Para evitar los enganches emocionales, has de estar dispuesto a soltar. Tener una pareja comporta muchas ventajas y es posible que ames profundamente a la otra persona. No obstante, has de estar abierto a la posibilidad de que la relación termine y saber que podrás seguir adelante.

Es precisamente el miedo al cambio, al abandono y a la soledad lo que te ata a la relación aunque esta te dañe. Así, estar dispuesto a soltar cuando el vínculo deje de ser saludable, previene la dependencia emocional.

La psicoterapia puede ayudarte a salir de los enganches emocionales

Salir de una relación de pareja adictiva y aprender a relacionarse de una forma saludable no es en absoluto sencillo. No se trata solamente de tomar la decisión de cambiar, sino que has de contar con los recursos, las herramientas y el apoyo necesario.

Con frecuencia, el apoyo profesional se hace imprescindible, pues no puedes olvidar que esta es la forma de vincularte que has aprendido y no conocer otra. Muchas veces, hay heridas emocionales pasadas que sanar. Así, si te encuentras en esta situación, no dudes en iniciar un proceso de psicoterapia.

 

 

Fuente: mejorconsalud.as.com

El duelo desautorizado o prohibido

Duelo desautorizado o prohibido, ¿Qué es y cómo afrontarlo?

Permitir la expresión de las emociones es necesario para evitar un duelo desautorizado o prohibido. ¿Cómo acompañar estos procesos?
Duelo desautorizado o prohibido, ¿qué es y cómo afrontarlo?

¿Algunos sufrimientos son más válidos que otros? ¿Por qué está bien llorar por ciertos temas mientras los demás parecen sin importancia? Quizás se relacione con que nos acostumbramos a negar emociones por temor a parecer débiles o demasiado sensibles. Y esto mismo lo proyectamos hacia otros en el duelo prohibido o desautorizado.

Evitamos entrar en contacto con lo que sentimos en determinados momentos, frente a ciertas pérdidas, y eso nunca es bueno. Veamos de qué se trata y por qué es importante trabajarlo.

¿Qué es el duelo desautorizado y por qué se produce?

El duelo desautorizado o prohibido tiene que ver con quitarle a alguien (o quitarse uno mismo) el derecho a sufrir por determinadas pérdidas, a partir de la interiorización de mandatos y expectativas sociales.

Dentro de los duelos, a muchas personas les parece lógico llorar por la pérdida de un familiar. Sin embargo, minimizan o subestiman la pérdida de una mascota. Este es un ejemplo de un duelo desautorizado o prohibido.

O también cuando una persona sufre un accidente y pierde alguna parte de su cuerpo. Muchas veces se la presiona a sentirse agradecida porque está viva y porque podría haber sido mucho peor. Sin embargo, más allá de encontrarse con vida, es lógico que se sienta afectada.

En este sentido, se trata de enfatizar que el duelo no es únicamente sinónimo de muerte. A veces es una pérdida o una situación que es vivida como tal.

¿Cuáles son los duelos desautorizados con mayor frecuencia?

Existen algunos duelos prohibidos o desautorizados que son más frecuentes:

  • Pérdida de una mascota.
  • Separación de una pareja
  • Cambios en los proyectos vitales. Por ejemplo, dejar un trabajo o una mudanza a otra ciudad o país.
  • Pérdida de alguna capacidad corporal. Por ejemplo, que ya no podamos movernos con seguridad y tengamos que usar bastón.
  • Fallecimientos esperados. Por ejemplo, ante la muerte de una persona que tenía problemas con el consumo de alcohol o de sustancias.
  • Duelos prohibidos a niños y niñas o personas con cierta discapacidad, ya que se los excluye de rituales por temor a que les afecte, sin darles posibilidad de elegir.
Duelo por una ruptura.
Una ruptura amorosa también genera un duelo que no debería ser ocultado.

Consejos para afrontar el duelo desautorizado

Aquello que no se procesa y se intenta evitar u ocultar, en algún momento sale a la luz. Es por eso que es mejor vivir lo que haya que vivir, aunque duela.

A continuación, algunas recomendaciones para afrontar un duelo:

  • Aceptar las emociones y los estados de ánimo. En ocasiones nos sentiremos abatidos, a veces con tristeza y otras con ira. Los duelos implican una mezcla emocional que forma parte del proceso. No culpabilizarse también es importante.
  • No acelerar procesos. Evitar el debería estar bien si ya pasó un tiempo. Cada persona tiene su propio ritmo para sentirse mejor y es lógico tener recaídas.
  • Buscar ayuda. Familiares, amigos o ayuda profesional en ciertos casos. Es importante reconocer y aceptar cuando nuestros propios recursos son insuficientes.

Consejos para acompañar a alguien que atraviesa un duelo

Como amigo, familiar o se trate del vínculo que se trate, es posible generar el ambiente para acompañar a alguien que está viviendo un duelo. Esto sería lo ideal, en lugar de convertirlo en un duelo desautorizado o prohibido.

Algunas de las recomendaciones son las siguientes:

  • No minimizar lo que sucede: es importante comprender y empatizar con la otra persona que está sufriendo. Evitar las frases del tipo “ya vas a tener otro perro” “ya vas a encontrar a alguien mejor”. Sugieren la idea de que se puede reemplazar una persona o una mascota por otra, así sin más. También se deben evitar expresiones del tipo “levántate, tus hijos te verán mal”. Transmiten la idea de que otros nos necesitan y que no tenemos lugar para vivir el dolor.
  • Permitir la expresión de emociones: durante mucho tiempo escuchamos “no llores” o “no te pongas así”; son expresiones que inhabilitan el expresarse. Es necesario dejar que la persona se libere, pueda vivenciar el dolor y empiece a tramitarlo. A veces no es necesario decir nada, sino simplemente ofrecer una escucha atenta y cálida.
  • Respetar tiempos, pero mostrar apoyo: puede pasar que la persona que está viviendo el duelo no se muestre disponible. Sin embargo, es necesario hacerle saber que estamos presentes para lo que necesite.
  • Ayudar a organizarse: los primeros días tras una pérdida suelen ser de desorganización. Por lo tanto, podemos hacer las compras por el otro o ayudar a mantener la limpieza del hogar.
Hombre acompaña duelo prohibido de una mujer.
El acompañamiento de los duelos no siempre tiene que mediarse con palabras. La escucha es parte del proceso.

Repensar los duelos

La muerte tiene diferentes connotaciones en la sociedad y esto también nos habilita a pensar qué lugar le damos. Por ejemplo, muchas veces una persona debe presentarse en su lugar de trabajo tras la muerte de un amigo porque no es familiar en línea directa. Esto lleva a que la persona deba ser funcional y estar en un sitio, en un momento en que se encuentra vulnerable y sensible.

Hay que reconocer que dicha persona merece cuidado y respeto por sus emociones. Permitirle ausentarse unos días es velar por su bienestar y su salud mental. Caso contrario, se corre el riesgo de arrastrar problemas hacia el futuro, como ansiedad, depresión o insomnio.

Por último, atravesar un duelo y una circunstancia difícil, conectando con las emociones, es aprendizaje. Podemos salir fortalecidos, con resiliencia y conociéndonos más.

 

Fuente: mejorconsalud.as.com

La concentración en los niños

¿En qué momento aprenden los niños a concentrarse?

La capacidad para concentrarse se adquiere con los años y la maduración cerebral. Descubre a qué edad aprenden los niños a controlar su atención.
¿En qué momento aprenden los niños a concentrarse?

Trastornos como el déficit de atención y la hiperactividad (TDAH) están, hoy en día, en boca de todo el mundo. Parece que el porcentaje de niños diagnosticados es cada vez mayor y esto puede llevar a los progenitores a preocuparse. Ante determinadas conductas infantiles surge el temor de que el niño padezca un problema de esta índole. Pero en realidad, lo que sucede es que no comprendemos bien cuándo y cómo aprenden los niños a concentrarse.

Quizá tu hijo no aguante leyendo más de unos minutos, se distraiga haciendo sus deberes o permanezca poco tiempo desarrollando una misma actividad o juego. Antes de alarmarte, pregúntate cuáles son sus capacidades según su edad.

Quizá estés exigiendo más de lo que el pequeño puede dar. A fin de evitar estas situaciones, te compartimos valiosas informaciones acerca de la concentración infantil.

¿Qué es la concentración y cómo se desarrolla en los niños?

La concentración es la capacidad de dirigir la atención hacia los estímulos relevantes y sostenerla, desechando aquellos inputs que no nos sirven. Es un proceso complejo e intencional; no solo debemos escoger el foco, sino que también hemos de ser capaces de obviar otras estimulaciones irrelevantes.

Alcanzar este logro está relacionado con el desarrollo y la maduración cerebral. Los recién nacidos suelen enfocarse en el rostro y en la voz de sus cuidadores, pero su atención es muy voluble. Reaccionarán y cambiarán su enfoque ante cualquier sonido o estimulación del medio.

A medida que el niño crece, no solo aprende a dirigir voluntariamente su foco atencional, sino que además adquiere la capacidad de mantenerse concentrado por periodos de tiempo prolongados. Esto, a medida que maduran las regiones cerebrales prefrontales.

Tengamos en cuenta que estas estructuras no terminan de desarrollarse hasta pasada la adolescencia, por lo que el camino a recorrer es largo. Aun así, veamos los avances que se producen a cada edad.

Niño distraído en sus deberes.
La distracción al realizar los deberes y las tareas de la escuela es esperable hasta ciertas edades.

La capacidad de concentración infantil en función de la edad

Los tiempos y las características que se mencionan a continuación son orientativos y pueden variar ligeramente de un niño a otro. Conviene conocerlos y tenerlos en cuenta para saber qué esperar en cada época:

  • Durante el primer año: la atención del bebé es fugaz e inestable. Se distrae con facilidad ante elementos novedosos y llamativos del entorno. Su atención no podrá mantenerse durante más de 4 o 5 minutos.
  • Entre 1 y 2 años: en este momento los niños se enfocan en aquello que les atrae, les agrada y llama su atención. Pero no lo sostendrán por más de 6 u 8 minutos.
  • Entre 2 y 3 años: comienza a desarrollarse la atención voluntaria. El niño controla dónde pone su foco. Sin embargo, es fácil que se distraiga y que no permanezca concentrado más de 15 minutos.
  • Entre 3 y 4 años: el infante ya tiene más control sobre su atención. Puede cambiarla a voluntad y sostenerla incluso por 20 minutos. No obstante, es común que quiera cambiar de actividad cuando comience a aburrirse.
  • Entre 4 y 5 años: tu hijo podrá mantener su concentración por 25 minutos e incluso atender varios aspectos a la vez. Por ejemplo, podrá escuchar y comprender tus instrucciones mientras está pintando.
  • 6-7 años en adelante: a partir de este momento el control sobre la atención es mayor. El niño puede enfocarse en una tarea, incluso si esta no le resulta muy atractiva. Sus periodos de concentración se incrementan hasta 40 o 45 minutos hacia los 9 años. A pesar de ello, si la tarea es poco agradable o aburrida pueden distraerse tras los 15 minutos.

¿Para qué nos sirve conocer cuándo aprenden los niños a concentrarse?

Tener en consideración las capacidades presentes a cada edad es fundamental para el proceso pedagógico en el aula. Sin embargo, para los padres este conocimiento también resulta básico.

Esto les permitirá organizar las tareas que realizan con sus hijos, ajustando los periodos de tiempo, programando descansos adecuados y, sobre todo, identificando si realmente existe un problema.

Como hemos comentado, en ocasiones creemos que un niño padece TDAH, cuando simplemente está siendo un niño. Incluso en la comunidad médica existe un sobrediagnóstico. No podemos pedirles a los infantes que sean adultos en miniatura, que se sienten, atiendan y cumplan sin mover la mirada.

Un niño que presente un trastorno de atención tendrá dificultades para funcionar al nivel que sus compañeros de la misma edad. No solo se distraerá fácil, sino que cometerá múltiples errores por falta de atención, se olvidará de ciertas cosas y perderá varios objetos.

En estos casos, consultar con un profesional es lo más adecuado para obtener un diagnóstico y aplicar las pautas apropiadas en el hogar y en la escuela.

Fomentar la concentración en los niños

La capacidad de concentración depende en gran medida de la edad del menor. No obstante, este no es el único condicionante. Como padres, podemos fomentarlos aplicando algunas pautas sencillas:

  • Trata de que las actividades sean atractivas y agradables. Hay muchas formas de enfocar una misma tarea y cuanto más llamativa resulte para los niños, más fácil es que permanezcan concentrados. Por ejemplo, puedes hacer que el momento de recoger sus juguetes sea un juego, empleando una canción o estableciendo una competición.
  • Procura que el entorno sea adecuado, que no contenga distracciones innecesarias. Los dispositivos tecnológicos, el bullicio propio del hogar o la música fuerte de fondo pueden hacer que el foco del menor se desvíe con más frecuencia.
  • Ofrece instrucciones sencillas y limítalas a 2 o 3 a la vez. De esta forma, será más simple que las cumpla.
  • Ciertos juegos y actividades, como formar rompecabezas, colorear mandalas o copiar dibujos, favorecen esta habilidad cognitiva. Inclúyelos en el día a día de tus hijos.
  • Presta atención a sus necesidades básicas. Un niño cansado o hambriento tendrá más dificultades para mantenerse concentrado.
Armar rompecabezas para mejorar la concentración.
Hay actividades que favorecen la concentración y la práctica de esta habilidad. Armar rompecabezas es una opción.

Los niños aprenden a concentrarse en su momento; respetémoslos

En definitiva, ten siempre presente cuándo aprenden los niños a concentrarse y recuerda que se trata de un proceso complejo que se desarrolla progresivamente. Respeta los tiempos de tu hijo, adapta las actividades a su edad y no lo fuerces más de la cuenta.

Si, a pesar de esto, sospechas que puede haber algún problema, contacta con un psicólogo infantil. El profesional podrá orientarte.

 

Fuente: mejorconsalud.as.com

La Edad del pavo

Edad del pavo: cómo reconocer y entender esta etapa

Si tienes un hijo entrando en la adolescencia o «edad del pavo» y quieres conocer más sobre esta etapa, quédate que este artículo es para ti.
Edad del pavo: cómo reconocer y entender esta etapa

La edad del pavo es un período en el que suceden cambios físicos y fisiológicos, pero también sociales y emocionales. Acontece en el marco mayor de la adolescencia, que va entre los 11 y los 13 años hasta los 18-19. En conjunto, se trata de transformaciones que definen y sientan las bases del desarrollo personal.

La etapa pone a prueba las reservas de comprensión y tolerancia que tenemos padres y madres. Y como suele ocurrir con toda crianza, el amor y la paciencia serán las mejores guías para conducir el torbellino de emociones que sacuden la llegada de la pubertad.

¿Cómo reconocer la edad del pavo?

La edad del pavo trae cambios físicos evidentes, de ahí esa forma de nombrarla que nos recuerda la colorida vistosidad del ave. Como también los constantes giros de humor, que permiten ir de la felicidad al enfado en cuestión de segundos.


 

Transformaciones fisiológicas

Hay una relación entre la actividad endocrina y el sistema óseo, que se reflejará en el rápido crecimiento. Hormonas como la tiroxina y la insulina influirán en el aumento de la talla.

La GH (hormona del crecimiento) es clave en el estiramiento longitudinal. Las hormonas tiroideas, los andrógenos adrenales y los esteroides gonadales sexuales afectan la maduración ósea. Crucial será la llegada de la primera menstruación y de la polución nocturna.

Pubertad y edad del pavo en una niña.
Los cambios en la edad del pavo incluyen diferentes modificaciones físicas y hormonales.

Cambios físicos

Los cambios físicos son los más evidentes y los que causan mayor sorpresa entre familiares y extraños. Suceden en muy corto tiempo y le dan al cuerpo un aspecto completamente distinto al que tenía antes de iniciar la pubertad.

El desarrollo de las mamas en las mujeres y el estirón puberal en ambos sexos reflejan un crecimiento acelerado. Con igual volumen, el varón es más pesado, debido a la masa muscular. Por otro lado, la pelvis de la mujer aumenta su ancho.

Aspectos psicológicos

Se harán frecuentes los cambios de humor y la relación con los padres se tornará variable. De la dependencia a la distancia, entre el recelo y el desinterés. En la edad del pavo se acrecienta el pensamiento abstracto, las ilusiones vocacionales y se está más a merced de los impulsos.

Lo social

El círculo de amigos es fundamental para el adolescente. Es su espacio para el desenvolvimiento y realización. Si tiene inseguridad en su apariencia, con los amigos comunes estos miedos se disipan siempre y cuando logre mezclarse.

Es también el espacio para relacionarse con el sexo opuesto. O bien donde inician los encuentros amorosos para explorar. Se decanta la construcción social del género y la futura sexualidad.

5 consejos para entender a mi hijo durante la edad del pavo

Sin duda, no es fácil surfear en las vertiginosas olas de la pubertad. La imagen corporal que le devuelve el espejo al adolescente lo lleva a considerar que está demasiado expuesto al qué dirán. Y por lo tanto, se le exigen comportamientos que aún no ha aprendido.

Estar cerca y servirle de apoyo a nuestros hijos en esta etapa es básico para ayudarles a romper el hielo, de manera que puedan adentrarse con paso firme en la vida.

1. Comprensión

Para ser lo que queremos ser, es preciso dejar atrás una parte de nuestras vidas. Eso exige valor y madurez para manejar con solvencia situaciones que pueden desbordar la capacidad del adolescente. La respuesta natural ante esto es cierto empecinamiento.

Seamos comprensivos, porque es importante aprender de los errores, pero no es bueno equivocarse a solas. El aprendizaje es una relación dialógica, así que estemos cerca de nuestro hijo.

Estemos ahí para servirle de apoyo. Aunque su silencio obstinado puede que no se traduzca en palabras, es muy probable que sí lo haga en un poderoso abrazo.

2. Los padres pasamos por ahí

Nunca olvidemos que fuimos adolescentes. Por lo tanto, no juzguemos con la vara de los años y la experiencia. Lo que hoy sabemos lo aprendimos allí, en la incertidumbre, en la duda entre lo debido y lo indebido.

Recordemos lo que nos hizo falta. Hagamos memoria de esos momentos y tengámoslos presentes y a la mano. A nuestro hijo le puede servir.

3. Comunicación

La comunicación con el hijo o la hija en la edad del pavo es el reto mayor. Como siente que se está enfrentando a un mar de dificultades, asume que hablar de su proyecto con los padres le resta energía y determinación.

En ese momento en el que se está venciendo a sí mismo, hablar con él o con ella puede resultar infructuoso. Lo sentirán como una intromisión.

Las palabras deben aparecer a la hora de la inflexión que antecede al balance. Estudios revelan que el varón recurrirá más a la madre que a los amigos, a diferencia de las chicas, que tienden a desahogarse más con las amigas.

4. Compartir

Más temprano que tarde los hijos se irán de casa y harán familia. De modo que, mientras estén con nosotros, aprovechemos para pasar con ellos los mejores momentos. Comidas especiales, películas favoritas, paseos que se vuelvan entrañables.

Planifiquemos encuentros con los amigos de la familia y los primos. Reuniones con los abuelos también propician el encanto de los cuentos que los ayudaron a crecer.

5. Respetar

Nuestro hijo adolescente se encuentra hipersensibilizado al cuestionamiento. Cree siempre estar haciéndolo todo bien y se enfrasca en sus razones.

Es prudente dejarlo correr, para que aprenda a conocer sus límites. Sabremos que ha llegado el momento de intervenir cuando lo veamos más ensimismado que de costumbre.

Si logra exteriorizar lo que le preocupa, alejemos el “te lo dije” y antepongamos el “inténtalo de nuevo”En estos aspectos vale la pena citar a la desaparecida psicoanalista argentina Arminda Aberastury (Buenos Aires, 1910-1972):

“Hasta hoy el estudio de la adolescencia se centró solamente sobre el adolescente. Este enfoque será siempre incompleto si no se toma en cuenta la otra cara del problema: la ambivalencia y la resistencia de los padres a aceptar el proceso de crecimiento.”

Padre e hijo adolescente.
La posibilidad de una comunicación paternal fluida es difícil en la edad del pavo, pero imprescindible.


 

De la edad del pavo a la consciencia del cambio

Sobre la adolescencia hay muchos mitos alimentados por la necesidad de captar el ansia de consumo modelado por los medios y las redes sociales. Es decir, se ha construido la imagen de un joven o una joven que logra su afirmación solo a través de estilos y modas.

El cine, la televisión y la cultura pop sobreexplotan de manera interesada la imagen de los adolescentes rebeldes sin causa. Resulta imperativo conversar al respecto con los hijos para que dicha etapa sea asumida con madurez, sin conflictos creados o artificiales.

Por otro lado, cada cabeza es un mundo y los hijos no tienen que cumplir necesariamente el papel que la sociedad parece atribuirles. Es cierto que los cambios están ocurriendo, pero si hay comunicación y comprensión, es muy probable que sean incorporados a procesos naturales y hasta anecdóticos.

Fuente: mejorconsalud.as.com

Identifica personas controladoras

¿Cómo reconocer a una persona controladora?

Una persona controladora suele sentirse amenazada todo el tiempo, ya que todos los cambios que suceden son potencialmente peligrosos para su perfecta planificación.
¿Cómo reconocer a una persona controladora?

La aspiración de una persona controladora es tener «todo en orden, bajo control». A simple vista, hay quienes dirán que no hay nada de malo en ello; después de todo, la planificación previene muchos problemas. No obstante, cuando analizamos un poco más allá, vemos que tras esa organización hay mucho esfuerzo, tensión y nervios previos.

La tranquilidad se sostiene de un precario equilibrio y pende de un hilo, ya que cualquier imprevisto amenaza con romper ese plan perfecto. Justo esto es lo que temen las personas controladoras. Así pues, veamos las señales para identificar esta forma de ser y cómo afrontarlo.

¿Cómo es una persona controladora?

Una persona controladora se caracteriza por dictaminar qué se hace y cómo, es decir, define todos los aspectos de una situación, ya que eso le hace sentir segura. Sin embargo, en el fondo tiene una personalidad insegura; por eso, busca tener el control.

Atiende a todos los detalles en extremo, dado que no sabe lidiar – ni tolera – las improvisaciones. El problema de tener una relación con una persona de estas características es que intenta «abordarlo todo». Así, con el tiempo, el vínculo se torna agobiante.

De hecho, puede derivar en consecuencias impensadas. Por ejemplo, en ámbitos laborales, cuando hay un jefe controlador, sus empleados se limitan a responder a sus órdenes, en lugar de buscar la innovación, apostar por la creatividad o introducir mejoras. De este este modo, aquello que en principio parece una virtud, se convierte en el talón de Aquiles de estas personas.

¿Cómo es una persona controladora?
La persona controladora precisa cada detalle. Además, intenta manipular a quienes lo rodean.

Características de una persona controladora

Hay muchas señales que permiten identificar a una persona controladora. Algunas de las más frecuentes son las siguientes:

  • Actúa como si protegiera a las otras personas. De este modo, disfraza sus ansias de control bajo una fachada de interés o preocupación.
  • En el fondo, este tipo de personas tiene una sensación permanente de inseguridad, de «amenaza». Por eso, está muy pendiente de aquellas situaciones que son de su interés, lo que le acarrea una vivencia constante de estrés.
  • Son personas inflexibles, a las que les cuesta adaptarse a los cambios e imprevistos. En general, intentan establecer sus propias reglas del juego. Por esto mismo, suelen ser poco espontáneas.
  • Son personas inseguras y de baja autoestima, aunque a veces parezca que «se comen el mundo». Temen perder el control y quedar expuestas o que la gente se dé cuenta de cómo se sienten realmente. Así pues, siempre intentan llevar la delantera.
  • En algunos casos, se trata de personas muy invasivas, que no respetan tu intimidad y que hasta pueden llegar a pedirte la clave del celular, la computadora, entre otras cosas.

¿Qué hacer con una persona controladora?

Aprender a afrontar las situaciones con una persona controladora puede evitar momentos incómodos. Algunas recomendaciones para actuar frente a esta personalidad son las siguientes:

Demostrar carácter

En un principio, es importante que no le des lugar a que tome el control de tu vida o a que asuma un rol más allá del que quieres que tenga. Es decir, evita darle explicaciones de dónde, cuándo, con quién o qué haces, se trate de tu pareja, tu amiga o tu padre.

No des explicaciones solo para evitar confrontar, ya que acabarás por cansarte. Mientras más explicaciones des, más te pedirán, de modo que el conflicto llegará en algún momento si la situación persiste.

Poner límites

No temas poner límites. Es necesario que hagas valer tu intimidad y tus derechos. Habrá detalles de tus actividades o historias que quieras compartir, pero cuándo y cómo, eso lo decides tú. Cuando lo hagas, actúa desde la asertividad y evita la violencia. No dejes de lado tus necesidades y tus deseos.

Dejar de lado la culpa

Muchas veces, las personas controladoras suelen responsabilizar a otros y repartir culpas; no permitas que eso suceda. Tampoco intentes dar explicaciones, ya que suelen tener un por qué para todo.

La otra cara de la culpa es que, muchas veces, esta persona emplea la manipulación emocional para tratar de conseguir lo que quiere. De esta manera, genera culpa y lástima en su interlocutor, quien acciona haciendo lo que le mandan. Así pues, aprende a decir «no» siempre que sea necesario.

Fortalecer la autoestima

Por último, también es muy importante que trabajes tu autoestima para poder valorarte y hacerte respetar. A veces, acabas complaciendo y cediendo para evitar el conflicto porque piensas que «no te cuesta nada». Por eso, el control empieza a extenderse como el agua sobre la arena.

Cuando hay una persona que ejerce control, del otro lado hay alguien que tiene dificultades para establecer límites. Por ello, es importante que también puedas «quebrar» con este lugar o rol.

¿Qué hacer con una persona controladora?
Una autoestima fuerte permite poner límites a las personas que tratan de tomar el control.

El control extremo es tóxico

Tal y como lo planteamos, tener cierto control sobre la vida es positivo, ya que permite tener un margen de seguridad, saber cómo actuar y no sentir que se está «en la nada». Sin embargo, esto no se debe confundir con controlar la vida de las otras personas; cada uno tiene su propia autonomía y la libertad para tomar sus decisiones.

El control suele derivar en conflicto y es tóxico para las relaciones, ya que el entorno termina por sentirse abrumado. Por supuesto, es importante entender que no se trata de blanco o negro. Muchas veces, detrás de ciertos comportamientos hay historias que permiten entender mejor el por qué de estos.

Por ejemplo, en ciertos casos la necesidad de control proviene del tipo de crianza recibida, como la autoritaria o la rígida. En este sentido, ya sea que seas la persona que busca ejercer control o seas quien está pasando por una situación similar, es importante que pidas ayuda para evitar dañar tu salud mental o la de quienes te rodean.

Por último, en el camino al cambio, es necesario «blanquear» las consecuencias en la propia salud respecto a querer tener el control. Y es que esto deriva episodios de ansiedad, estrés, depresión y tensión permanente, pues no se puede pasar ni un solo detalle.

 

Fuente: mejorconsalud.as.com